Desfile de jerarcas autonómicos y loas al Rey en una ciudad blindada con motivo de la Conferencia de Presidentes
ICAL. Alfonso Fernández Mañueco, Pedro Sánchez y el prior de los Dominicos

Desfile de jerarcas autonómicos y loas al Rey en una ciudad blindada con motivo de la Conferencia de Presidentes

Salamanca se reafirma como magnífica anfitriona para acoger cumbres de proyección nacional e internacional
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Las loas al Rey Felipe VI y los improperios contra Pedro Sánchez resonaron en la majestuosa Plaza Mayor mientras la comitiva de jerarcas autonómicos, máximos representantes de ese particular reino de taifas en que se ha convertido el Estado de las Autonomías, posaban al lado del jefe del Estado y del jefe del Ejecutivo para inmortalizar el momento protagonizando la imprescindible foto de familia. Está claro que Felipe VI tiene miles de incondicionales en la capital charra y eso afloró esta mañana de forma especialmente llamativa en el primer acto de la XXIV Conferencia de Presidentes.


La nube de periodistas y reporteros gráficos -cerca de 200- fue inasequible al desaliento en su empeño por captar detalles y señales que evidenciaran complicidades y enemistades entre el séquito de presidentes autonómicos y ministros. Realmente no hubo posibilidad para ello, dado que todo se ajustó rigurosamente al guión protocolario de la buena cortesía. No obstante, llamó la atención que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y su homólogo murciano, Fernando López Miras,  accedieran juntos al ágora momumental, o que las vicepresidentas Nadia Calviño y Yolanda Díaz, que teóricamente se encuadran en trincheras idelógicas muy poco afines dentro del mastodóntico Gobierno que abandera Pedro Sánchez, aparecieran simpre juntas e irradiando una buena sintonía entre ellas.


Hubo quien también lució modelito. Por ejemplo, la presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, con un ceñido vestido rosa y unos tacones de impresión. Yolanda Díaz también demostró que no le hace ascos a la moda. En cambio, Isabel Díaz Ayuso fue la más informal ataviada con un sencillo vestido veraniego. Quizás sea porque la presidenta madrileña es muy escéptica sobre la efectividad real de las Conferencias de Presidentes. De hecho, ya advirtió en las vísperas de esta XXIV edición que si no se cambia el esquema de reunión dictado por Pedro Sánchez, no acudirá a la próxima Conferencia.


El más madrugador en llegar a la Plaza Mayor fue el presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas, quien se encuentra en el ojo del huracán después de haber permitido con su abstención que el líder de Vox, Santiago Abascal, haya sido declarada persona 'non grata' en Ceuta. El lendakari Ïñigo Urkullu también demostró que lo suyo es la puntualidad. En cambio, el gran ausente -estaba más que cantado- fue el presidente catalán Pere Aragonés, quien ya dejó claro que no tenía la más mínima intención de viajar a Salamanca, por aquello de que él prefiere negociar cara a cara con Pedro Sánchez dentro de su inequívoca estrategia secesionista.


Cambio de planes


Finalmente se desechó el plan inicial de que la comitiva de autoridades fuera paseando desde la Plaza Mayor hasta el convento de San Esteban, escenario de las sesudas sesiones de trabajo. Se optó por los vehículos, quizás para evitar que los presidentes autonómicos tuvieran que verse las caras con la concentración de protesta que organizó la Unión Sindical de Castilla y León (Uscal) en la calle San Pablo para protestar por la precariedad laboral y para exigir mejoras sanitarias y educativas. 


El prior de los Dominicos saludó afablemente a todas las autoridades y les dio la bienvenida al convento. Allí comenzaron las deliberaciones sobre cuestiones absolutamente nucleares para el futuro de España, como el proceso de vacunación contra la covid-19, el reparto de los fondos europeos y el reto demográfico. De todo ello hablaron Pedro Sánchez y Alfonso Fernández Mañueco en la rueda de prensa que ofrecieron en el jardín del convento, rodeados de periodistas que no paraban de sudar por el agobiante calor.


Por supuesto, el despliegue policial para velar por la seguridad de la Conferencia de Presidentes fue espectacular. Felipe VI fue el primero en marcharse tras departir con los presidentes autonómicos en el interior del templo religioso. A partir de ese momento, reuniones a puertas cerrada y con las dudas a flor de piel sobre la eficacia de este tipo de cumbres en las filas de los líderes regionales del PP, debido a que cada presidente autonómico solo tuvo derecho a intervenir durante cinco minutos para exponer su punto de vista respecto a los planes de Pedro Sánchez.


Y como gran encuentro de autoridades, no faltó la correspondiente comida. Los mandatarios pudieron degustar un menú de suculentas viandas salmantinas, con presencia gastronómica del queso de oveja de Hinojosa del Duero, jamón de Guijuelo y farinato de Ciudad Rodrigo. También se sirvio cecina y lomo de ternera morucha. Y en el capítulo de los postres no faltaron las exquisitas rosquillas de Ledesma. También  encandilaron los paladares de los presidentes otros productos de Castilla y León, como el lechazo. Y es, como comentaban ayer algunos de los ciudadanos que contemplaban la marabunta de coches oficiales desplazados a Salamanca por la cumbre, no se puede hacer nada bien con el estómago vacío. "Los políticos también comen, como cualquier hijo de vecino", bromeaba un pensionista delante del convento de San Esteban, atraído por tanto ajetreo.