La gran final
Fotos: Natalia Calvo

La gran final

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La gran final del “I Circuito de Novilladas con Picadores de Castilla y León”, que había levantado auténtica expectación, consagró en El Espinar el triunfo incontestable de Manuel Diosleguarde y el éxito, sin reconocimiento oficial por un jurado que dejó desierto el premio a la ganadería, de los novillos-toros de Pedraza de Yeltes, los tres bravos en el caballo, naturalmente con diferencias: estupendo el primero de Manuel Diosleguarde, “Resistidor”, con prontitud, duración y fijeza e incluso haciendo el avión; romaneando en varas. “Pórtico”, el que tocó en suerte a Sergio Rodríguez, aunque luego no humillara y se quedase corto; y con un segundo “Resistidor”, éste a cargo de Antonio Grande, sobreponiéndose a dos puyazos francamente horrorosos y muy mal lidiado, aunque el novillero de San Muñoz consiguiera meterlo en la muleta tras una porfía salpicada de arreones. El primer “Resistidor”, creo yo, hubiera merecido la vuelta al ruedo

            

Nada que ver, pero nada de nada, con el recital en oscuro de los tres novillos de Escolar: con un pitón izquierdo imposible y aceptable el derecho el que abrió plaza, porque a diferencia de sus dos compañeros, Antonio Grande se lo echó por delante, hasta el extremo de que parecía, no uno, sino dos toros, tan radicalmente distinto por un pitón o por otro. Cabeceando en el caballo con mal genio el segundo, o sea el quinto de la tarde, que correspondió a Diosleguarde y se rompió al salir del caballo, fue devuelto y sustituido por un sobrero del mismo hierro que empezó con el hocico por la arena pero que enseguida se complicó mucho, desentendiéndose de la muleta y sin perder de vista al torero. A su vez, “Colegial”, salió rajado y siguió rajadísimo, sin enmendarse, hasta decir basta y Sergio Rodriguez acabó la faena al borde de la cogida en lances de infarto al hilo de las tablas.

            

Qué mérito el de los tres novilleros, porque se las vieron -como señalé más arriba- con auténticos novillos toros, varios de ellos a pocos meses de cumplir como cuatreños. Manuel Diosleguarde, justo triunfador, dibujó naturales de antología con “Resistidor” excelente, pero con un brinquito incómodo, con la cabeza algo suelta y al que había que aguantar, porque fue exigente, después de lo cual se mostró muy firme con sus dos quintos, cruzándose y matando con oficio, permítaseme el eufemismo. Atendiendo a la petición mayoritaria de los tendidos, el presidente le concedió una oreja y es de justicia reconocer que un sector de la plaza la protestó, discrepancia que entendí y respeté, poniendo por delante que me conté entre quienes la pidieron, lo cual únicamente significa que los discrepantes (con razón) se mostraron más severos que yo, siempre predispuesto a favor de los novilleros y más todavía cuando me los encuentro ante astados muy por encima en todo, así en hechuras como en comportamiento, de los toros-novillos que por estas plazas de Dios suelen echarse a matadores con años de alternativa. Sin ir más lejos en Segovia o en Arévalo hace contadas semanas. 

           

Qué merito el de los tres novilleros, decía, y sobre todo qué calidad atesora Sergio Rodríguez, dotado de un sentido innato del temple, con dominio de las alturas y con la armonía por divisa, pero también con recursos y con valor sosegado, muy bien cubierto por su cuadrilla cuando se lo llevó por delante el escolar -menuda culata- del cierre. Y eso, cómo me explicó un chaval, sentado detrás de mí en compañía de su abuelo, a pesar de “que lo han operado del corazón”.

            

-Qué lo han operado del corazón, ¿de verdad? –le pregunté.

            

-Lo tenía tan grande que se le salía del pecho y han tenido que quitarle un cacho así -me explicó-, abriendo los dedos pulgar e índice de la mano derecha, la de matar, por cierto, lo cual constituye su único borrón, pero se trata de un borrón tan grande que le privó del triunfo clamorosamente obtenido con el capote y la muleta.

           

-Codillea, y así no se puede matar -intervino el abuelo-.

            

-Pues que le alarguen el codo -concluyó el nieto-, Jesús, que de mayor duda entre meterse a aviador o a torero

            

Ojalá lo consigan, pensé para mí, pensando en los dos: en Jesús como as de la aviación y en Sergio Rodríguez superando eso del codilleo, porque todo lo demás ya lo atesora: borda el toreo, lo lleva en el alma y, además, sabe transmitirlo, que es a mi juicio el problema de Antonio Grande, cuya técnica no llegó a los tendidos en esta final del “I Circuito de Novilladas con Picadores de Castilla y León” al que yo deseo larga vida.