La impactante lección de Ángel Ruiz, con lesión medular, tras el accidente que le cambió la vida
Ángel Ruiz en la presentación de la campaña conjunta de ASPAYM con la DGT - ASPAYM

La impactante lección de Ángel Ruiz, con lesión medular, tras el accidente que le cambió la vida

El vallisoletano, de 69 años, vio truncados sus planes de futuro durante un trayecto en moto con su hijo
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El manido cliché de que ‘la vida puede cambiar en un segundo’ deja de serlo cuando lo pronuncia una profunda voz de un hombre cuyo domicilio está completamente adaptado tras sufrir, un 17 de enero de 2014, un accidente de moto que la única movilidad que dejó en el cuerpo, de cintura para abajo, es la de los dedos del pie izquierdo. Ángel Ruiz, vallisoletano de 69 años y prejubilado de Fasa Renault tras 36 años al servicio de la factoría, comparte con El Español-Noticias Castilla y León la vivencia que le truncó los planes de futuro con su mujer, hijos y amigos. Nos atiende tras presentar la campaña conjunta de la Asociación de Lesionados Medulares y Grandes Discapacitados Físicos (ASPAYM) con la DGT para concienciar a los conductores sobre la importancia de cumplir con las normas de seguridad vial. 


Su dicha tuvo lugar una fría tarde de enero de 2014, cuando la carretera de Valladolid a Tordesillas comenzaba a humedecerse, merced a la lluvia, y afloraba sobre ella una fina película del aceite desprendido por los vehículos. Ángel se dirigía al encuentro motero de ‘Motauros’, de Tordesillas, con su hijo, Álvaro, abriendo camino entre la densa niebla que comenzaba a cernerse a su alrededor. De repente, una curva actuó de juez, jurado y verdugo tras una salida completamente recta de la carretera en pleno giro. “Caí muy lejos de la vía tras pasar por encima un peralte, mi hijo me vio por el retrovisor pero, para entonces, ya no sentía las piernas”, rememora, entre suspiros, Ángel.


De manera sobrecogedora relata cómo su hijo hubo de “cavar un hoyo en la tierra, con sus propias manos” alrededor de su cabeza para que, sin retirarle el casco, pudiera continuar respirando. La Guardia Civil no demoró en exceso su llegada, cosa que sí le sucedió a la ambulancia, algo desubicada en un principio. El trayecto desde el Camino de la Peña, lugar del accidente, hasta el nuevo Hospital Río Hortega fue “a 30 km/h, para que no sufriera movimientos bruscos”, continúa Ruiz. “Llegué en estado de hipotermia, plenamente consciente y me trasladaron, directamente a la UVI, donde me realizaron una operación de tibia y peroné y otra de columna”, algo que supuso, sólo, el principio de una dilatada travesía por el desierto en el Hospital Nacional para Parapléjicos de Toledo.


Durante su estancia de nueve meses en el centro toledano, su mujer, María Jesús, arrendó una vivienda para acompañarle en todo el proceso de rehabilitación. “Le debo todo”, traslada Ángel, a la vez que explica que ella le ayuda, a lo largo del día, “en más de un 70% de todas las acciones” que realiza. Pese a que durante su ingreso en el hospital de Toledo volvió a obtener la licencia de conducción de coches habilitados, confiesa que “ya no es lo mismo”. Añora subirse a su moto y asegura que ahora, cada vez que conduce, con la indispensable ayuda de María Jesús para subirse al asiento de conductor, va “pendiente de todo, los reflejos no son los mismos”.


El suceso, además de cambiarle en su día a día de manera radical a la hora de las labores más cotidianas, le hizo, al conducir, fijarse “siempre en el segundo vehículo que está por delante, para anticipar cualquier posible imprevisto”, algo que aconseja con vehemencia a todo conductor. También le hizo tomar constancia de los límites de velocidad, sobre todo en vías secundarias, como carreteras nacionales, de que la gente, al trabajar sobre distancias cortas, “se relaja y parece que tiene prisa por morir”, sentencia, preocupado, Ángel. Precisamente, el del exceso de velocidad en las vías secundarias, es uno de los ejes vertebradores de la campaña de ASPAYM y la DGT para concienciar de la necesidad del respeto a los mismos siempre y en toda circunstancia. De hecho, en 2019 -último año con los datos consolidados-, tres de cada cuatro accidentes se registraron en vías convencionales, siendo la velocidad un factor determinante. Cabe destacar que al conducir a una velocidad de 50 km/h, el riesgo de fallecimiento se sitúa en el 90%.


Ángel se encuentra en una tesitura por la cual se ve obligado a acudir a rehabilitación tres veces por semana “no para ganar, que es imposible, sino para no perder lo ya recuperado y por mi familia”. La visión de Ángel es, a día de hoy, altruista, ya que en todo momento piensa en el resto de la gente, tanto al conducir como al seguir despertando cada mañana, por su familia. “Pese a que han pasado ya siete años, hay momentos de bajón, ahí es cuando más pienso en que estoy vivo y con mi familia”, se congratula, a la vez que, alegre por la labor de concienciación que va creciendo en la sociedad, se despide.