La central que se convirtió en museo
César Sánchez / ICAL . Yashodara López, directora del Museo de la Energía, Ene Museo, de Ponferrada, que cumple su décimo aniversario

La central que se convirtió en museo

|

D. Álvarez / ICAL


Este próximo miércoles se cumplirán diez años desde que el Museo de la Energía de Ponferrada abrió sus puertas al público. Aquel 14 de julio de 2011, la antigua central térmica de la Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP) renacía de sus cenizas para iniciar una nueva andadura como centro de divulgación del patrimonio industrial y de la ciencia, bajo los auspicios de la Fundación Ciudad de la Energía (Ciuden). Una década después, La Fábrica de Luz ha visto pasar por sus entrañas a cerca de 200.000 visitantes y se ha integrado en el paisaje urbano de la capital berciana. “Creo que la gente de Ponferrada lo va identificando como más suyo, veo a más gente pasear por fuera del museo, que era la idea que se tenía inicialmente de este espacio”, explica la directora, Yasodhara López.


Bióloga de formación, el primer contacto de López con Ciuden fue a través de un proyecto de investigación sobre el chancro en el castaño, en el que coincidió con el actual director general de la Fundación, Arsenio Terrón. Más tarde, la hoy directora del museo se convirtió en coordinadora del equipo de cuatro personas que se encargó del inventario del patrimonio industrial y de la documentación que sirvió de base para la apertura del centro. “Fue maravilloso, nos pidieron que documentáramos toda la parte, tanto técnica como inmaterial, para poner en marcha el museo”, recuerda.


La búsqueda de planos, libros, fotografías y documentos llevó a la creación de una biblioteca propia para dar soporte a los arquitectos y el equipo técnico, aunque el equipo se encontró con un problema. “Mucha documentación escrita sobre la central estaba en un almacén que se quemó”, señala López, que explica que “la forma de recuperar esa documentación fue a través de colaboradores, reconstruirla a partir de testimonios orales”. 


Al respecto, la directora asegura que el momento más feliz en todos los años que lleva vinculada al museo llegó el día que encontró al primer colaborador con el que hablar. “Hasta encontrar el primer hilo del que tirar fue difícil, a partir de allí todo fue más rodado”, recuerda. El resultado de ese trabajo fueron más de 200 entrevistas con antiguos trabajadores, a partir de las que se rodaron los 13 videorretratos que acompañan al visitante en su visita por el museo y que representan “la punta del iceberg” de aquella ingente tarea.


Red de alianzas


A lo largo de esta década, el Museo de la Energía ha conseguido tejer una creciente red de alianzas con diferentes entidades e instituciones. “Es un trabajo difícil, que va poco a poco, pero en el que hemos ido ampliando nuestro radio de acción. Actualmente colaboramos con el Instituto del Patrimonio Cultural de España o con la Universidad Politécnica de Madrid”, explica la directora, que señala que lo mismo sucede con las visitas escolares. “Primero recibíamos a colegios del Bierzo, luego de León y más tarde de toda Castilla y León. Ahora también llegan colegios de Madrid, País Vasco y Galicia”, apunta López.


Estos tres territorios son “puntos clave” también en cuanto a la recepción de visitantes del territorio nacional, con los franceses liderando la lista entre los visitantes internacionales. En sus primeros nueve años, el Museo recibió 184.000 visitantes, pero el estallido de la crisis sanitaria provocada por el COVID-19 supuso un impacto en la línea de flotación del museo. En el año 2020, las visitas se redujeron un 45 por ciento, lo que supuso que menos de 11.000 usuarios traspasaron las puertas. “En el momento en que te dicen que tienes que cerrar al público, te encuentras con un problema real”, reconoce López.


Este año “horroroso” y las restricciones asociadas obligaron al museo a “apostar por una estrategia ‘online’ más fuerte” y a “suplir lo que no se podía hacer de manera presencial”, explica la directora, que añade que el espacio también apostó por sumar nuevas actividades al aire libre e incorporar nuevas visitas a su catálogo. “Algunas cosas que hemos probado se ha demostrado que funcionan y nos las vamos a quedar”, señala López.


Premios y reconocimientos


A día de hoy, la sirena que antiguamente anunciaba los cambios de turno continúa sonando dos veces al día para recordar a los vecinos de la ciudad el legado de los años en que la extracción de carbón impulsó el desarrollo de la conocida como ‘ciudad del dólar’. Las cuatro chimeneas que sobresalen del tejado asemejan la silueta de la vieja central a la de un antiguo barco de vapor y en el interior de las instalaciones hay diversas bombas encargadas de reproducir los olores que inundaban el edifico durante el más de medio siglo en que estuvo operativo, entre 1920 y 1971. 


Esta cuidada recuperación, bajo la “fantástica labor” de la arquitecta Elena García, le valió al museo para alzarse con el premio a la conservación del patrimonio cultural de la Unión Europea y la ONG Europa Nostra. Además, en los últimos seis años, La Fábrica de Luz también ha ido renovando la distinción Travellers’ Choice, concedida por el portal TripAdvisor. “Es importante porque es el público el que lo da”, recalca López.


En 2015, el museo también estuvo nominado al premio Emya auspiciado por el Consejo de Europa, el más importante en el ámbito de los museos, aunque fue superado por el proyecto de recuperación Rijksmuseum de Amsterdam. “El premio que más ilusión me hace es el que no nos dieron”, resume López, que recuerda que la nominación tenía que ver con la recuperación del patrimonio inmaterial en la memoria oral del trabajo, precisamente el área que ella se encargó de coordinar. La entonces directora, Amaya Pérez, fue la encargada de viajar a Glasgow para defender la nominación del museo y la pieza que la acompañó a la ciudad escocesa fue la grabadora con la que se hicieron las entrevistas a los colaboradores.


Lugar de encuentro entre pasado y futuro


De cara al futuro, López señala que las líneas de trabajo deben pasar por el refuerzo de la vocación divulgadora del museo -“no hay otro centro de ciencia en muchos kilómetros a la redonda”- y por la consolidación de la línea de exposiciones temporales. El ambicioso calendario de exposiciones vinculadas al patrimonio, al territorio y a la ciencia con los que el museo celebra su décimo aniversario alcanzó el pasado jueves su ecuador con la inauguración de la muestra ‘Las personas en la MSP’.


La puesta de largo de la nueva exposición, que se podrá visitar gratuitamente hasta el 15 de agosto en el muelle de carbones, servirá de telón de fondo a las conmemoraciones del aniversario, que se completarán con un espectáculo pirotécnico en la noche del miércoles. Compuesta por 25 fotografías en blanco y negro y objetos relacionados con la historia de la antigua central, la muestra busca poner en valor parte del patrimonio inmaterial y de la memoria vinculado al patrimonio industrial que custodia el museo.