Un espectacular grupo escultórico de Benavente será una de las joyas de 'Las Edades del Hombre'

Un espectacular grupo escultórico de Benavente será una de las joyas de 'Las Edades del Hombre'

El Grupo escultórico del Tránsito o Muerte de San José, que habitualmente se encuentra en el Hospital de La Piedad y San José de Benavente
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Con ocasión de la próxima celebración de una nueva edición de la muestra de 'Las Edades del Hombre' ha sido requerida al Patronato Fundación del Hospital de La Piedad y San José de Benavente para su exposición en la misma el denominado: Grupo escultórico del Tránsito o Muerte de San José. Dicha obra, que se encuentra habitualmente en la capilla de dicha institución benéfica, ya figuró con anterioridad en la muestra celebrada en la catedral de Zamora en el año 2001 y que recibió la denominación de RemembranZa. 


En esta nueva e inminente edición de las Edades del Hombre, que hace el número XXV de la muestra, tendrá su triple sede en Burgos, Carrión de los Condes y Sahagún. La obra ha sido cedida temporalmente con las preceptivas garantías y retornará a su capilla una vez finalizada la muestra. Se trata de un insólito grupo escultórico alusivo a la muerte del santo o patriarca, realizado en madera policromada y tela encolada. Esta obra se enmarca dentro de la producción escultórica de la escuela de Valladolid y recuerda concretamente al denominado círculo de los Ávila. Linaje o saga de escultores vallisoletanos formada por Juan y Pedro de Ávila. La obra se caracteriza por la ejecución de pliegues suaves rectilíneos, ricos estofados de brocado en los ropajes, además de por una particularísima configuración de las coronas, apreciándose ciertos ecos lejanos de la obra de Gregorio Fernández en la imagen de María. El cuidado y tratamiento particular del cabello de las imágenes es otro de los elementos característicos de este círculo de escultores. Su datación en el último tercio del siglo XVII coincide plenamente con las fechas de fundación del hospital benaventano dedicado al santo. En la representación de la escena del fallecimiento de San José se nos muestra al santo patriarca recostado en el lecho, con aspecto de anciano y agonizante, junto a él en pie se sitúan Jesús, que le reconforta, y la Virgen, que le mira con dulzura. Contrasta el refinado lecho, de cabecero casi churrigueresco, que se propone y que concilia difícilmente con el habitual y modesto camastro que tradicionalmente se representa a esta categoría de escenas. Carece sin embargo el grupo los útiles tradicionales de carpintero, que subrayan la laboriosidad del santo, anticipo simbólico del madero de la cruz. 


Su presencia en se justifica como un tema idóneo para representar al santo patrono de la casa: refugium agonizantium. El icono funciona como un auténtico trasunto sacramental de la extremaunción: esto es, reflejo e invitación al mismo tiempo a la buena muerte de muchos enfermos que acabarían sus días en el hospital benaventano. La obra se debe enmarcar dentro de la evolución al culto a San José, cuya devoción y popularidad creció enormemente después del concilio de Trento y al paralelo desarrollo de la iconografía josefina. José apenas es mencionado por los evangelios y el de San Marcos ni le cita. Su leyenda procede de los apócrifos, especialmente denominada Historia de José el Carpintero, cuyo núcleo central gira entorno a la enfermedad y la muerte del santo. La muerte de San José responde a una iconografía desarrollada probablemente a partir del siglo XVI, fundamentalmente en la pintura, pero que inmediatamente tuvo una gran devoción y que se asoció a la designación de San José como patrón de la buena muerte. En este caso está relacionada directamente con la adscripción o titularidad del hospital benaventano de San José de Convalecientes, por ello se recurre a esta escena que conecta con la atención al moribundo, toda vez que es una labor penosa, pero obligada en un hospital. Procurar consuelo al que está próximo a morir es, sin duda, un acto más de misericordia. En el año 1685 don José de Vergara y su esposa doña Jerónima de Uña y Herrera, acordaron la fundación definitiva de esta benéfica institución, que recibió la denominación de “Hospital de San José de Convalecientes”. Así permanecería varios siglos hasta que en el año 1900 se encomendó el mismo Congregación de las Hermanitas de los Pobres, con el fin de que pudiesen regentar dicho asilo-hospital. Estuvo situado en la plazuela de su nombre detrás de la iglesia de Santa María, en uno de los espacios que actualmente conforman la benaventana plaza del Madera, permaneciendo allí hasta que en el año 1962 se acuerda la agregación de este Hospital al de la Piedad, pasando a constituir ambos un único patronato, y trasladándose las religiosas y los asilados desde el Hospital de Convalecientes de San José al edificio del Hospital de la Piedad.