​El catedrático de la UVa Alberto Marcos presenta a los comuneros como "defensores del patrimonio público frente a la malversación del monarca"
Miriam Chacón / ICAL . (I a D) Máximo Diago (CSIC); Alberto Marcos (UVA); Cristina Borreguero (UBU) y el comisario Salvador Rus en el congreso Internacional ‘El tiempo de la libertad. Comuneros V Centenario’

​El catedrático de la UVa Alberto Marcos presenta a los comuneros como "defensores del patrimonio público frente a la malversación del monarca"

El catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Valladolid también destacó la propuesta para revocar los privilegios y cartas de hidalguía otorgados después del fallecimiento de la reina Isabel de Castilla
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El catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Valladolid (UVa), Alberto Marcos, presentó hoy a los comuneros como defensores del patrimonio real, entendido como patrimonio público, incluso contra la voluntad y las decisiones que pudiera tomar el propio Carlos V, que en esos momentos se estaba dedicando a enajenar las riquezas de la corona.


En su conferencia impartida esta tarde en el congreso ‘El Tiempo de la libertad’ bajo el título: ‘Las Comunidades de Castilla y la defensa del patrimonio real’, el también miembro de la Real Academia de la Historia, argumentó que una de las líneas de fuerza del discurso comunero fue establecer que el monarca no pudiese servirse libremente del patrimonio real.


Además, destacó que en el movimiento comunero hubo elementos revolucionarios, aunque no fue una revolución como tal en el sentido del cambiar el sistema socioeconómico existente. “No se cambia ni las relaciones del sociales de producción ni las relaciones de distribución, pero si hay un intento claro de someter al rey a un cierto control por parte de las Cortes”.


En su intervención, Marcos resaltó que a principios de septiembre de 1520 los comuneros ya promulgan que el rey no pueda enajenar rentas o derechos de la Corona, y que si lo hace la decisión no tenga ningún valor ni sea obedecida. Pero esta reclamación general también vino acompañada en los programas comuneros de otras más específicas referidas a un patrimonio, “entendido antes como público que como privado de los reyes, que había que defender por encima de cualquier causa”.


En este sentido, destacó que los comuneros también plantearon la revocación de los privilegios y cartas de hidalguía que se hubiesen otorgados después del fallecimiento de la reina Isabel por dinero y no por méritos o servicios suficientes.


En la jornada vespertina del congreso también participó el investigador Máximo Diago, del Instituto de Historia del CSIC, quien en su conferencia defendió que el movimiento comunero no fue una revolución como tal, y comparó su evolución con los acontecimientos ocurridos en Inglaterra un siglo después y que acabó con la ejecución del rey Carlos I.


Diago sostuvo que el movimiento comunero partió de unas bases muy débiles y apuntó que una de las claves es que, al principio, las urbes rebeldes sólo dejaron participar a 18 ciudades, a las que otorgaron derecho a enviar procuradores. A su vez, consideró que también fue clave que no se sumaran las ciudades de Sevilla, Jaén, Córdoba y Granada y que, poco a poco, se fuera perdiendo el apoyo de otras ciudades.

Visión histórica


La primera jornada del congreso ‘El Tiempo de la libertad’ la cerró Roberto López Vela, profesor de la Universidad de Cantabria, quien argumentó que la visión de las comunidades castellanas no ha sido un elemento constitutivo de la mitología ni del liberalismo ni de la nación española, ya que los periodos históricos en los que ha tenido una destacada presencia han sido muy cortos.


Además, explicó que a lo largo del siglo XX, incluida la Transición, la relevancia histórica de las comunidades castellanas no tiene entidad y el único elemento donde se puede encontrar una evidencia es el morado de la bandera de la Segunda República, en relación con el pendón castellano.