Un chaleco materno con alto valor sentimental y una labor encomiable durante la pandemia
Marco Antonio Cachorro. Fotografía: Pepe Lobo

Un chaleco materno con alto valor sentimental y una labor encomiable durante la pandemia

Charlamos con Marco Antonio Cachorro, voluntario de Cruz Roja en Tudela de Duero, sobre su labor, la de la institución y también de este duro año de pandemia
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Marco Antonio Cachorro sopla velas hoy. Es su cumpleaños, 58. Este vallisoletano, nacido en Tudela de Duero, suma más de un año como voluntario de Cruz Roja en la localidad vallisoletana en la que nació, desde febrero de 2020, poco antes de lo que ocurrió desde marzo, a nadie hay que recordárselo.


Amante de la electrónica, charlamos con él de su labor a lo largo de la pandemia, de un chaleco que guarda una preciosa historia, con su madre como protagonista, y de una institución, Cruz Roja, que trabaja día a día por hacer la vida un poquito más sencilla a los que más lo necesitan.


P. ¿Qué le empujó a convertirse en voluntario de Cruz Roja?


R. Me incorporé al voluntariado porque empecé a percibir que lo que me hacía sentir bien era ayudar a los demás sin esperar el agradecimiento explícito, porque el sentir que mejoraba sus vidas ya era una recompensa inmediata para mí. Por eso, no me duelen prendas en decir que, quizás, me hice voluntario de Cruz Roja por puro egoísmo.


P. ¿Y por qué en Tudela de Duero?


R. Tudela es mi pueblo, y es un pueblo que enamora. Conocía a varias personas de Cruz Roja Tudela donde hay muy buena gente, siempre es un buen lugar.


P. ¿Cuándo comenzó?


Ellos me ayudaron a ayudar y lo demás fue, simplemente integrarme


R. Empecé un poquito antes de la pandemia y esperaba una integración mucho más suave, pero vino el “bichito” y vi como el equipo de Cruz Roja reaccionó con el entusiasmo que era de esperar, y con una eficacia que a muchos les sorprendería. Cada uno en su cometido, y todos, en fin, comprometidos con la misión que el momento requería que pasaba por ayudar a cualquiera que nos necesitase, y en especial, a los más perjudicados por la pandemia. Ellos me ayudaron a ayudar y lo demás fue, simplemente integrarme.


P. Su madre también fue voluntaria en el servicio de teleasistencia, ¿Quizás ese fue un factor que le empujó a usted a animarse a formar parte del voluntariado?


R. Mi madre fue una “pisacharcos” sin medir la profundidad y creo que he heredado de ella ese defecto. El que ella eligiese Cruz Roja para regalar de lo que iba sobrada dirigió mi atención. Y el saber con qué personas trabajaba, con muchos de los cuales, yo ya había tenido experiencias muy positivas, acabó de decantarme para ser voluntario.


P. Su madre falleció y usted realiza su labor con el chaleco de ella. ¿Qué significado tiene ese chaleco?


Creo que en ese chaleco quedó impregnada parte de su sabiduría y que, cuando la necesite, sabrá como transmitírmela


R. Todos somos supersticiosos en mayor o menor medida. Mi madre fue una de esas personas sabias sin formación que nos dio su época. Creo que en ese chaleco quedó impregnada parte de su sabiduría y que, cuando la necesite, sabrá como transmitírmela. 


P. Usted forma parte del programa Promoción del Éxito Escolar y Alimentos. ¿Qué labor realiza?


R. En cuanto a la distribución de alimentos, espero que sea solo un programa coyuntural y que llegue el momento, por desgracia no a corto plazo, en que ya no sea necesario. Mi labor es ayudar a los donantes para que los alimentos lleguen a las personas que lo necesitan y garantizarles que su generosidad no se pierde en burocracias o corruptelas, sino que alcanzan a sus destinatarios legítimos.


En cuanto al éxito escolar, es el programa que más me intimida, y el que más me atrae. Mayormente trato de transmitir a los niños los conocimientos acordes con su fase de formación, para lo que contamos con el apoyo de sus tutores y profesores, pero creo que es más eficaz, ayudar a aprender, que enseñar, y si algún niño muestra interés por algo que todavía no está en su plan de estudios trato de acercárselo a su nivel, porque conmigo lo hicieron antes y ahora sé que fue altamente beneficioso.


P. Durante la pandemia se entregaron tablets y material escolar para que los pequeños pudieran seguir formándose. Una labor altamente gratificante.


R. Debo ser honesto y aclarar que no participé en ese programa, aunque sí traté de ayudar a algunos de mis amigos con hijos a adaptarse a la situación. Para mí, el teletrabajo y el uso de las nuevas tecnologías para actuar a distancia es algo cotidiano desde hace muchos años y espero que, tras la emergencia generada por la pandemia, los niños empiecen a verlo como un recurso más, y no como un sustitutivo coyuntural. Creo que, para ellos, el contacto humano no debe ser sustituido por la tecnología, pero que deben conocer que tienen ese recurso a su alcance.


P. ¿También llevaron alimentos a los habitantes de Tudela de Duero que lo precisaban durante el confinamiento?


R. El confinamiento y las demás restricciones han sido, y siguen siendo, muy duras para muchas personas. El no poder siquiera acercarse al supermercado o a la farmacia para comprar lo imprescindible agrava esa sensación de soledad de quién siente que no hay nadie a quién le importe. Los más jóvenes saben que pueden recurrir a la entrega a domicilio ofertada por algunos establecimientos pero la gente más mayor se ha sentido desvalida y aprovechaba el momento de la entrega para desahogarse con mi compañera de reparto. Yo casi siempre hacía de chofer y, paradójicamente, me sentía muy bien cuando mi compañera Esther tardaba demasiado en hacer la entrega porque ella aportaba humanidad a la tarea.


P. ¿Cómo recuerda esos momentos de confinamiento? Quizás los más duros de la pandemia, los que van de marzo a mayo.


R. En ese aspecto yo no soy una persona significativa y no voy a culpar a quien me llame “raro”. He sido responsable del plan de pandemias de mi empresa varios años, y participé en los protocolos de la gripe Aviar y la Gripe A. Tenía conocimientos de lo que ya estaba pasando a pocos miles de Kilómetros. Y gracias a que me equivoqué, los primeros meses, a pesar de ser los más incomodos, no fueron los más duros, porque pensaba que pasarían pronto.


Para mí, fue mucho peor ver que la cosa se alargaba y aún hoy, que parece que estamos doblegando al virus, mi preocupación por las consecuencias es cada día mayor.


P. ¿Alguna anécdota que recuerde? Que se le haya quedado grabada mientras desempeñaba su labor como voluntario.


Eso me hizo ver que no es tan importante realizar tareas como conectar con las personas


R. Ha habido varias, alguna muy emotiva, pero para mí la más reseñable fue que un día, al ir a hacer las compras a una señora confinada, se negó a recibirnos porque con nosotros no estaba la persona con la que ella había hablado, y que tras que esa persona le llamase por teléfono nos recibió sin muchos reparos. Eso me hizo ver que no es tan importante realizar tareas como conectar con las personas.


P. ¿Cómo calificaría su labor? ¿Y la de Cruz Roja?


R. Mi labor…Si tuviera que sintetizarla en una palabra la calificaría como compromiso. Con mi equipo de Cruz Roja, con la sociedad y conmigo mismo. Y mientras cuente con este equipo, sé que sabré hacer honor a ese compromiso.


La de Cruz Roja creo que no tiene calificativo pero si tiene un verbo: “estar”. Estar allí donde se la necesite.


P. Un deseo y un objetivo a corto plazo, ahora que parece que la luz al final del túnel por el coronavirus está más cerca.


R. Mi deseo general, más que un deseo es una convicción. Cruz Roja será uno de los pocos colectivos que, tras las celebraciones, seguirá ocupándose, (…no solo preocupándose…) de las personas desfavorecidas. Y no tengo dudas de que será así porque no he visto un “equipo de élite” interviniendo desde fuera, he visto a personas del equipo, confinadas, sustituidas por ser grupo de riesgo o porque tenían en casa consecuencias negativas de la situación, o por el malestar que seguía a la vacunación, y que, en cuanto podían, se reincorporaban a sus tereas en Cruz Roja. Mi deseo personal es poder estar a su altura, en ello estoy.