'In memorian' de un anonímico

'In memorian' de un anonímico

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Se levanta muy temprano, prepara los desayunos de los demás, corriendo acude a dejar al primero de los suyos y buscar un lugar donde aparcar para llegar los antes posible a su trabajo donde, como tarde, a las 8:00 ya está trabajando.


 Los primeros golpes de la mañana no dejan de madrugar, ni de tener piedad con él, que aún no está preparado para ello, los encaja, sonríe, aparenta que no duele y sigue adelante. Unos que llaman, otros que exigen, otros que patean el hígado, otros que ni siquiera saben que existe y, de quienes espera una mirada de cariño, un gesto de comprensión, golpean con más dureza aún que el más agresivo y rudo de los enemigos. El sonríe, camina, da la imagen de no dolerle y sigue adelante.


Ding, primer asalto, llega la hora de comer, corriendo y, cuando llega a casa, el frio, la exigencia, continúa la contienda, un café y de nuevo a correr hasta el trabajo.


10 minutos de relax y, de repente, el primero que golpea la quijada, sonrisa, otro a la boca del estómago, sonrisa, nuevamente otra persona que se acerca exigiendo sin que dependa de él, tiene que dar la cara… nuevamente se la parten. Cliente que exige, proveedor que chilla, contratista que brama, compañero que riñe, adversario que se ensaña…


Dong, fin del día, se toma una cerveza con los amigos que le ven reír y le animan porque es el mejor, qué grande es, qué bueno es, pero … llega a casa y la situación no cambia, silencio, frialdad, desdén, displicencia. Se queja y, finalmente, la culpa es de él, por lo que, nuevamente, en silencio a la cama, sin ni siquiera un gesto de cariño, y a comenzar la rueda.


El era un buen amigo mío, que lo único que quería era hacer feliz a los suyos y que el día que se fuese, antes, le hubieran demostrado un ratito su cariño, pero se infectó de covid19, los suyos se separaban de él, los de la ambulancia lo metían en soledad, ingresaba sólo en el hospital, solo pasó 12 días en la UCI, ora boca arriba, ora boca abajo, ora entubado, ora desentubado, hasta en la UCI, lo único que hizo en su vida fue luchar, como el decía “contracorriente” y, sobre todo, solo.


El no supo, no pudo, no fue capaz de recibir el cariño que él quiso transmitir y que por su rudeza, por la falta de escucha por parte de los demás, nunca recibió. Recibes lo que das, le decía un amigo, pero él siempre pensó que nunca dejó de dar y nunca le dieron a él, pero… qué más da, nunca lo sabrá.


Se movió por arriba y por abajo para luchar por los suyos, siempre solo,  siempre con la incomprensión o sin el apoyo de los demás, pero sin dejar de hacerlo, hasta que el otro día, cansado, agotado, destruido por dentro, suspiró por última vez, como siempre, sólo, sin nadie, ni en su funeral acudió nadie, no se podía.


Siempre quiso dejar un camino que seguir por otros y no fue capaz ni de marcar una señal en el suelo, sólo dejó 3 amigos que le recordamos con algo de cariño, ese cariño que le faltó y que no fuimos capaces de transmitirle.


Ahora, que todos  nos afanamos en luchar y luchar para salir de la crisis que nos han dejado los inútiles gestores que tenemos, debemos de buscar el modo de hacerlo juntos, de apoyarnos unos en otros, en demostrarnos que nos necesitamos e incluso nos tenemos un mínimo de cariño, pues al final, todos, absolutamente todos, nos veremos ante la soledad de dejarlo todo y muchos de nosotros de no haber conseguido dejar nada.


Ya está bien de políticas de mierda, de dirigentes que no valen ni lo que un euro de madera, de ponzoñosos que sólo buscan lo propio, de egoísmos, de mirar sólo nuestro yo, y empecemos a luchar por lo de todos, dejando sendas en las que otros hagan surcos y otros caminos que nos salven de verdad.


Empecé a escribir en prensa hace ya muchos años gracias a un dinosaurio que dejó un surco que poder seguir, del apoyo de una amiga que me puso en el camino y en él hice yo si mi senda, no sin un maestro que me hizo director de una publicación… seamos capaces de dejar surcos y caminos, en lugar de zaherirnos sin piedad para salvar un no sabemos bien qué, pero que nos lleva a la ruina.