Daños colaterales
Imagen de la novillada. Fotografía: Fermín Rodríguez

Daños colaterales

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Entre los daños colaterales de la maldita pandemia que nos asola (colateral y menor, lejos de mí la intención de frivolizar con esta tragedia), se impone contabilizar la pérdida de dos animales bravos: Pomposito, novillo de Pedraza de Yeltes, la creme de la creme de los  aldeanuevas de El Raboso, mito y esencia de los criadores de bravo del campo charro,  y Misterioso, novillo de José Escolar, los albaserradas abulenses, imagen cabal del encaste, cárdeno, bragado y meano, dos utreros de indulto garantizado (y merecidísimo) si la segunda de las novilladas con picadores de la Junta de Castilla y León y la Fundación del Toro de Lidia, celebrada en Medina del Campo, no hubiera transcurrido a puerta cerrada, qué pena, qué pena y qué pena, porque, con versos de Federico García Lorca, ambos astados demostraron “como un río de leones/ su maravillosa fuerza”.  


GALERÍA DE FOTOGRAFÍAS / FERMÍN RODRÍGUEZ 


Tarde pasada por agua, pero tarde con lluvia de buenas noticias. Se me escapa la razón, pero lo cierto es que en Las Ventas hay garantía de  espectáculo cuando diluvia, ley no escrita pero corroborada este segundo domingo de noviembre, cuando se cumplían los noventa y cinco años de la presentación en México de Cayetano Ordóñez, Niño de la Palma, el torero de Rafael Alberti, quien tanto me habló de su excelencia banderillera, motivo de unas cuchuflillas deliciosas para celo y disgusto de su gran amigo Ignacio Sánchez Mejías: “Alas en las zapatillas,/ céfiros en las hombreras,/ canario de las barreras,/ vuelas con las banderillas./ Campanillas/ te nacen en las chorreras”, versos que en la tarde medinense se ganó, una vez más, Fernando Sánchez, que vino en la cuadrilla de Pablo Atienza “!Qué salero¡/¡Cógeme torillo fiero¡”.

Un tanto soso y remiso se mostró, precisamente, ese primer novillo: Africano de Miranda de Pericalvo, lidiado por Pablo Atienza.


En segundo lugar saltó al ruedo Enfadado de Antonio Bañuelos,  bonito hasta decir basta, animal que se empleó en el caballo, empujando y romaneando para pararse después, tocado de fuerzas, carencia que yo no sé si corría de su cuenta. Porque quizás algunos varilargueros se quedasen sin respuesta si los toros hablasen.   


Y así llegamos a Pomposito, que embelleció el tercio de varas al venírsele majestuosamente encima al varilarguero desde los medios, empujando como mandan los cánones de la bravura y aún más entregado en el segundo puyazo que en el primero, en definitiva, creciéndose en un castigo inmoderadísimo. Encastado y con calidad, embestía y embestía persiguiendo la muleta por abajo sin ceder un solo instante, bravísimo, templado,  de largo y con son.  


Es de indulto -constató a mi lado Paco Salamanca, veterinario de Cuéllar, taurino de pro que mide mucho sus palabras-. Afligidos él y yo porque ambos estábamos al cabo de la calle de que desgraciadamente Pomposito no volvería al campo. Menos mal que por obra y gracia de Carlos Martín Santoyo la televisión de Castilla y León  ha inmortalizado su gloria, “la televisión del Santoyo”, que dicen por los pueblos, una televisión que con estas retransmisiones ha batido las marcas de seguimiento registradas por estos pagos.


En fin, lluvia de buenas noticias, decía. Tras la maravilla de Pomposito, fue el turno de Marinerito de Castillejo de Huebra, novillo anovillado y pelea la suya (es un decir) sin historia, seguido por Marqués, del hierro vallisoletano de Brazuelas, que si no estoy equivocado se estrenaba en un desafío de esta entidad, trago que el ganadero tenía que pasar … y pasó, dando lugar estos dos astados intermedios a la maravilla de Misterioso, nombre a fe mía que bien puesto.


Qué misterio tan impenetrable el de la casta, qué misterio tan hondo el de la bravura, qué misterio tan feliz el de Misterioso, certera y duramente picado por Alberto Sandoval, varilarguero que se empleó a conciencia y al que convendría que los toros hablasen.


Yo, la verdad,  vi a Misterioso un puntito por debajo del novillo de Pedraza de Yeltes, porque no fue al caballo tan de largo ni con su alegría y hubo un momento en que hizo por las tablas, pero asimismo se mostró inagotable y aperreó a Valentín Hoyos, palabra que empleo en acepción descriptiva o, al menos, con el matiz crítico muy atenuado, persuadido de que Misterioso hubiera traído a mal traer a no pocos diestros de alternativa, con buena (o mala) parte del escalafón superior  acomodada a exigencias más llevaderas


En la senda de Pomposito, Misterioso también era de indulto, y  la maravilla de que  dos astados de indulto coincidan en una  tarde,  eso solo acontece de ciento en viento. Otro daño colateral del maldito Covid 19.