Esto no es un juego para Navidad

Esto no es un juego para Navidad

Entre primos anda el juego de política y toros
|

"Al virus le da igual los años que tengas. La gente aún no ha entendido que esto no es una simple gripe", asegura una joven con un casco que le permite respirar pero no comer, en un reportaje del elDiario.es. Es el fiel testimonio de lo que supone esta maldita pandemia de Covid-19 que nos invade y que, muchos, aún se la toman como un juego o cual simple gripe de otoño e invierno. No. La Covid no mira la edad, ni el color, ni la riqueza, ni la fama... llega a quien menos se lo espera y, en muchas ocasiones, se lleva por delante la salud -en el mejor de los casos- pero también muchas vidas.


No es un juego y mal hacen las diversas autoridades que aún marcan la Navidad como tiempo de salida de esta segunda ola. Mal favor hacen a la sociedad. A pesar de que los epidemiólogos insisten en que "nadie sabe cómo vamos a estar en diciembre", ya hay voces que exigen limitar al máximo la duración del estado de alarma contra la COVID-19 para "salvar la campaña de Navidad". "La duración del estado de alarma responde más a razones legales o políticas que científicas. Eso está claro", explica el catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública, Fernando Rodríguez Artalejo, que calcula que la epidemia "va a durar". "Creo que hasta verano, como pronto, no vamos a estar fuera de la situación pandémica. Aunque tengamos la vacuna en diciembre o enero, hay que ver lo eficaz que es, cómo administrarla… y todo eso no tiene mucho que ver con lo que dure el estado de alarma". 


Ante esas evidencias de los epidemiólogos, médicos, virólogos y científicos se levantan también las voces de gentes como el presidente del PP, Pablo Casado, la presidenta de Cs, Inés Arrimadas, e incluso desde el ala izquierdista como Esquerra Republicana, piden que el estado de alarma no se alargue lo que pide el Gobierno. De acuerdo que se puedan tener dudas de que sea utilizado para otros asuntos que muchos dicen sospechar pero nadie termina de aclarar qué se puede realizar política y judicialmente durante esa situación. Nadie se imagina prevaricando a todo un Gobierno. Lo cierto es que el PP, con su presidente Casado al frente, pide una duración de 8 semanas, es decir, hasta el Día de la Constitución, 6 de diciembre, fecha de puente previo a la Navidad, qué casualidad. Y, nuevamente, caemos en los errores de la 'desescalada' para querer salvar la temporada turística del verano. Es que la idea de la campaña de Navidad como referente para la gestión de la pandemia está siendo utilizado por algunos responsables políticos equivocadamente a medida que avanza el otoño, como es el caso del vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, cuando asegura que quiere rebajar la curva de contagios hasta una incidencia de 25 casos por cada 100.000 habitantes para "salvar la Navidad" y hacer posible que "haya turismo de otras provincias, incluso de otras regiones de Europa". Una locura.


El ministro de Sanidad, Salvador Illa, persona tranquila y poco dada a dar malas noticias advierte que las próximas fiestas de Navidad no serán como las de los pasados años. Y esta vez parece que dice la verdad. Hasta la fecha, la evolución de la pandemia y qué nos depararán los próximos meses es toda una incógnita, pero analizando la situación actual y observando las restricciones impuestas, parece difícil imaginar unas Navidades al uso. Las otrora grandes reuniones familiares navideñas con sus besos y abrazos, y los desplazamientos habituales para esas fechas no se podrán celebrar. Ni las comidas y cenas de las empresas, ni el comercio navideño, como los mercadillos de belenes, hasta la compra de los regalos, o las cabalgatas de los Reyes Magos que también sufrirán y, a buen seguro, con los datos que se atisban de contagios, enfermos y fallecidos, tampoco se celebrarán. Salvo que en los próximos dos meses se le dé un vuelco al avance de esta segunda oleada de la pandemia lo que es muy difícil de imaginar, tal como alertan todos los epidemiólogos y visto como avanza el virus en Europa y como se resiste a replegarse en nuestro país.


A lo que debemos acostumbrarnos es que las medidas tomadas han venido para quedarse. En relación a las restricciones existentes, la gente debería planteárselas como algo a lo que atenerse durante un "próximo bloque temporal. Puede que no dure muchos meses, pero es muy poco probable que terminen en solo dos o tres semanas”, como pretenden desde ciertas formaciones políticas, muy a pesar del deseo de todos de que la economía y, dentro de ella, el turismo y la hostelería se recuperen. Pero lo cierto es que las medidas podrían prolongarse hasta la próxima primavera, tal como plantea el Gobierno y no le falta razón escuchando a médicos y hombres de ciencia de todos los países afectados.


La situación es la que es: las medidas que son necesarias ahora son las que plantea el decreto aprobado por el Consejo de Ministros, porque la situación en España es «extrema», aseguró Pedro Sánchez tras ese Consejo extraordinario, con una incidencia acumulada de 378 casos por cada 100.000 habitantes y más de 650 muertos por coronavirus en la última semana.


Por lo tanto, si los datos no mejoran, la Navidad será diferente. Estará marcada por el uso obligatorio de la mascarilla, por la distancia interpersonal, por los confinamientos perimetrales y, también, por la limitación de aforo tanto en espacios públicos como en lugares privados, puesto que son varias las zonas en las que hay límites incluso para las reuniones familiares,- hasta seis personas y siempre, a ser posible, convivientes-, esas que siempre marcan las fechas de Navidad como, por ejemplo, Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo y Día de Reyes. Todo ello con un solo motivo: controlar la Covid-19 y evitar que siga propagándose. Y, queramos o no, si deseamos una primavera razonable y un verano como a todos nos gustaría, sumando que puede haber una o varias vacunas, que muchos millones de personas estarán más o menos inmunizadas, que también existirán nuevos medicamentos y, además, y sobre todo, a recalcar, que todos seremos responsables y personas cívicas que cumpliremos las normas sanitarias de prevención, lo podemos conseguir. Hasta entonces, no queda más que ser responsables y pacientes y cumplir las normas sanitarias, tener respeto por uno y por los demás y mirar adelante porque, todos sabemos, después de la tormenta siempre llega la calma o, mejor, no hay tempestad que mucho dure, ay!