La España convulsa

La España convulsa

No sé si es exagerado el título, pero me parece que convulsiones y caos si se están produciendo en nuestro país. No tanto, por supuesto, como en otras épocas, como la que describe Enrique del Pino en su “Diccionario de la España convulsa”, editado en 2009, y que se refiere a los realmente convulsos y trágicos años 30 del siglo pasado en nuestro país, pero ello no quiere decir que no tengamos episodios un día sí y otro también, que preocupan e incomodan gravemente, como gritarle al Rey en su visita en Barcelona “¡Muera el Borbón!” y otros eslóganes similares escritos y hablados de auténticos insultos contra el Jefe del Estado.


A ello, se añade la ausencia de representante alguno de la Generalitat y del Ayuntamiento y, no debe olvidarse, que el presidente de dicha Generalitat es el representante del Estado en la Comunidad, según la Constitución, por muy descabezada y sin rumbo que se encuentre.


Y todo, dentro de un contexto generalizado de crisis social y económica provocada por el Covid-19, que afecta a toda España y que está produciendo en regiones, como Madrid, un auténtico caos por las controversias entre el Gobierno de la Nación y el de la Comunidad, con actuaciones judiciales de por medio.

Se dirá que todo ello está amparado por las libertades de nuestra sociedad, pero el efecto que produce es muy elocuente y señala que algo huele a podrido, y no es en Dinamarca, como en el “Hamlet” de Shakespeare, sino en España.


Ante todo lo cual, la capacidad de disciplina y también de sufrimiento de nuestro pueblo es realmente ejemplar y modélico, para que luego se diga que somos ingobernables, haciendo bueno aquello de que “Que buen vasallo si hubiera buen señor”, para convertirlo en “Que buen señor habiendo buen vasallo”. 


Porque lo que parece cada vez más evidente es que, salvo núcleos concretos de populistas e independentistas, la mayoría de nuestra población se merece unos gobernantes sensatos, eficaces y dignos y que la lección que les estamos dando no quede en saco roto y todos, y ellos también, aprendamos la lección.


Se avecinan tiempos muy difíciles y no sólo para nosotros, sino también para nuestros hijos y nuestros nietos, que esperan que este país con paz y democracia vuelva por sus fueros para ocupar el lugar que le corresponde de acuerdo con su historia y sus potencialidades, que son muchas. Y que no tengamos que repetir como Unamuno el “Me duele España”, aunque, indudablemente, sí nos preocupe y mucho y también nos alarme, como el Gobierno acaba de decretar para Madrid.