Cita de ilusiones

Cita de ilusiones

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Último jueves del mes de agosto, faltan cuarenta y tantos minutos para las nueve y media de la noche. Los alrededores de La Glorieta son un hervidero, mayoritariamente tomados por chicas y chicos jóvenes cuyas conversaciones emociona escuchar, partidarias unas de Mario Navas y otros de Daniel Martín, alumnos de la Escuela Taurina de Salamanca que a esa hora pisaran el ruedo de La Glorieta junto a Víctor Acebo, de la Escuela Taurina de Almería, y el sevillano Álvaro Burdiel, que se  forma en  Madrid.


Un hervidero, y un hervidero que me hubiera gustado compartir con los jeremías del “a los jóvenes no les interesan los toros”. Que sí, hombre, claro que les interesan, pero hay que hacérselos económicamente accesibles. ¿Cómo? Pues a la vista está: asúmase el modelo y seguimos hablando. Ahora bien, para ello hacen falta una Diputación y un Ayuntamiento que apuesten por los toros con hechos, una televisión como La 8 Salamanca y una empresa bien dispuesta, en esta ocasión BMF, gestora de La Glorieta. Cuantísimo me gustó el cartel de “No hay billetes”.


Llenazo (entiéndase, llenazo con respeto estricto a las medidas dictadas por la Junta) y “clase” lograda, ya que hubo toricantanos ilusionantes, astados enclasados y  una afición muy bien dispuesta (y dejemos de lado la actuación de un subalterno, cuyo nombre prefiero no pregonar, ignominioso en funciones de puntillero y  lamentable con las banderillas, al que alguien tendría que llamar la atención, nada que ver con la actuación de sus compañeros, que menudos parzotes –como dicen en México- clavaron Elías Martín y su compañero de tercio, cuyo nombre sí querría pregonar).    


Fue complicado el jabonero de Esteban Isidro que tocó en suerte a Álvaro Burdiel, a veces por encima, a veces por debajo de sus exigencias, pero grandioso en dos naturales; se manifestó noble el de Adelaida Rodríguez con el que se midió Víctor Acebo, toreo el suyo con verdad, sosiego y recursos; lució pujanza pero también se mostró algo brutote el de los Hermanos Mateos de Mario Navas, que se manejó con limpieza, elegancia y temple; y apuntó menos posibilidades el de La Glorieta, ante el que estuvo bastante más que digno Daniel Martín.


“Clase práctica” con las expectativas gozosamente afirmadas con capa, muleta y espada por unos toricantanos que acaban de ponerse en el comienzo de una carrera dificilísima. Debutar en La Glorieta: sueño cumplido, ilusiones renovadas. También las mías, ya que me ilusionaron los cuatro, naturalmente en distinta medida, y no solo me ilusionaron a mí, porque Navas, Martín y Acebo  han dado el salto a unas semifinales esperadísimas. Si pueden, no se las pierdan, aunque tendrán que apresurarse, porque ya hay lista de espera para conseguir las entradas.


En el desierto de la pandemia, “Destino La Glorieta” constituye un oasis. El oasis de las ilusiones. 



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