Cayetana

Cayetana

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Durante muchos años, cuando en España se hablaba de Cayetana, nadie dudaba de que se se referían a la Duquesa De Alba, pero mucho me temo que, a partir de ahora, y durante semanas, hablar de Cayetana será hablar de Cayetana Álvarez de Toledo, hasta ayer Portavoz del Partido Popular en el Congreso de los Diputados.


Ciertamente, no pensaba yo dedicar una sola línea a este tema, pero a la vista del revuelo mediático organizado en las últimas 24 horas, y sobre todo, después de haber seguido íntegramente su canutazo a la puerta del Congreso, que por su contenido y su duración, fue más bien un cañonazo que un canutazo.


A estas alturas, nadie que haya seguido su trayectoria política y sus intervenciones parlamentarias, puede dudar de que se trata de una de las personas dedicadas en España a la política con más alto nivel dialéctico e intelectual. Por eso me ha sorprendido su comportamiento en la rueda de prensa de ayer.


Pasando por alto su trayectoria política e intelectual, y ciñéndonos al tema que nos ocupa, conviene recordar que su nombramiento como Portavoz del Grupo Popular en el Congreso fue una apuesta y una decisión personal de Pablo Casado, decisión no compartida por todos los parlamentarios ni por todos los integrantes de la cúpula del partido. Vamos, lo habitual en todos los partidos políticos.


Ciertamente, sus intervenciones en los debates han tenido siempre un alto nivel, pero no siempre ha sido bien recibidas, no ya por los miembros del Gobierno objetIvo de sus dardos, sino de muchos de los integrantes de la bancada popular. Se la tachaba de excesiva dureza no exenta de una actitud prepotente y un tanto soberbia.


Y esto es lo que me indignó de sus declaraciones de ayer para hacer pública su destitución: aquella diputada que aceptó sin reservas su nombramiento hace un año, se refería de forma reiterada a quien la nombró y seguía siendo su presidente como el Sr. Casado. Comenzó, de forma poco elegante, revelando la conversación de más de dos horas que había mantenido esa mañana "con el señor Casado", exponiendo, a su manera, los motivos de su cese.


Se presentó como una víctima inocente de sus convicciones políticas que había pretendido imponer en el grupo parlamentario, separándose de las directrices políticas del partido, olvidando entre otras cosas que el Presidente del Partido lo es también del Grupo Parlamentario. Modestamente, yo fui en la legislatura 91-95 Portavoz del Partido Popular en las Cortes de Castilla y León, y tenía muy claro que el Presidente del Grupo y por tanto mi jefe, era Juanjo Lucas, y nunca actué desoyendo sus indicaciones.


Por lo tanto, presentarse como una víctima del Partido Popular que invadía las competencias del grupo popular y de su portavoz, es ignorar que el grupo parlamentario es una herramienta del partido para sacar adelante su doctrina política, por supuesto, respetando la autonomía de cada parlamentario según consagra la Constitución, pero no dotada de una autonomía absoluta.


Realmente su relato fue poco elegante, insolente, altanero e insultante para el partido y para quien en un momento confió en ella y la nombró Portavoz, a dedo, como se dice en lenguaje coloquial, y la ha cesado por el mismo procedimiento, algo que ella sospechaba cuando concedíó una entrevista al diario El País. Cese mucho más criticado desde las filas de Vox que desde las propias filas populares.


En resumen, a Cayetana no le queda más que una camino digno que es la renuncia a su escaño... y que corra la lista. Y mientras tanto, ella que es muy leída, recuerde aquellas palabras del Santo Job: "El señor me lo dio, el señor me lo quitó, bendito sea el nombre del señor".