El turismo ese gran invento...

El turismo ese gran invento...

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Así rezaba el titulo de la película que en el año 1968 dirigió Pedro Lazaga con la actuación magistral, como siempre, de Don Paco Martinez Soria y Don José Luís López Vazquez.


Erase un Alcalde de un pueblo -ayer ya se vislumbraba hoy es una realidad- de esa España vaciada y olvidada al que no le queda más remedio que inventarse un espacio turístico internacional para atraer turismo; para ello, viaja hasta Torremolinos para averiguar “in situ” cual ha sido la estrategia seguida y así copiarla.


La pelicula se ubica temporalmente  en aquellos tiempos del del boom turístico, estamos en 1969 y ya suponía, como lo supone aún hoy para pueblos del interior, una lucha constante para sobrevivir.

Hay que reinventarse, localizar nichos de inversión que de trabajo a los habitantes con el que poder fijar y atraer población y ese era el objetivo, lo era ayer no muy lejos en el tiempo si lo relacionamos con la historia ancestral de nuestros pueblos que hoy quieren sobrevivir al azote inmisericorde del olvido institucional y, lo es también, para aquellos que tienen vivas las cicatrices de cada habitante, de cada servicio que desparece, cada olvido.


Y el turismo es para muchos una salida.


Para la capital, Salamanca, a falta de otra industria potente -exceptuando la universidad- el turismo es la única actividad que puede sostener una parte importante de la economía de esta ciudad y lo puede ser tambien de esta provincia.


Torremolinos tenia su playa, y en aquellos tiempos sin masificación, hoy sería otro atractivo playero; muchos pueblos tienen “su playa” en su entorno natural y urbano, su historia y cultura ancestral de la que hablábamos unas líneas más arriba.


Salamanca no tiene playa pero también tiene todos los elementos que hacen seguro un viaje atractivo al turista, historia y entorno monumental, cultura e historia, pero no basta con tenerlos hay que mantenerlos, venderlos, exponerlos, anunciarlos, publicitarlos, facilitar la información pertinente al viajero a fin de hacer mas fácil y certera su visita. No podemos tener en el gallinero a la que nos lo pone de oro y esperar siempre un huevo así sin más, habrá que darle alimento y asiento adecuado para que siga dándolo.


Salamanca que tiene una piedra que se dora con el sol de la tarde no entiende que al turista hay que hacerle lo mismo, hay que dorarlo con atención, información que es a la postre su camino; hay que recibirlo, hay que estar en la puerta para abrírsela cuando llega y también cuando se marche facilitarle ese servicio de ultima hora y recordarle que vuelva pronto.


A   mi entender las 17,00 que es la hora de cierre del resto de provicnias de la conumidad es hora de siesta y café, a esa hora cierran todas, todas no, menos Salamanca, la  oficina de turismo de Salamanca cierra sus puertas los domingos a las 14,00 justo cuando llega ese turista de ultima hora, de visita del médico, fugaz, de provincia limítrofe o de paso, suele ser el más necesitado de una información rápida y certera pues llegan con la información justa y, en el sitio que se supone que pueden recabarla, la puerta de la oficina de turismo de la monumental Salamanca a las 14.00 se la cierran en las narices con una frase coloquial, tan coloquial como contundente y determinante ¡vuelva usted mañana!


Mañana igual ya no hace falta, para ese turismo de ultima hora ya será tarde y posiblemente la respuesta de esos viajeros sea la palabra que Jose Mota ha hecho famosa, volveré ¡maaaañaaaaanaaaa!


La oficina de turismo, tal y como está el asunto, debería cerrar con el sol. No estamos para tirar turistas a la papelera, está el asunto para que tratemos a cualquier turista de manera preferente a las horas que el sol permita y justo antes de que se vayan, el turismo no tiene ni día ni hora, salvo en Salamanca que termina a las 14.00 del domingo.