David Luguillano: 30 años de alternativa
David Luguillano. Fotografía: Natalia Calvo

David Luguillano: 30 años de alternativa

​El diestro vallisoletano tomó la alternativa el 13 de mayo de 1990 en el coso del Paseo de Zorrilla. Roberto Domínguez actuó de padrino y Ortega Cano de testigo
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David Castro González, David Luguillano en los carteles, doctor en tauromaquia y vallisoletano de pro, con orígenes mojadenses, se reencontró de nuevo con su plaza 30 años después… pero de paisano.


El coronavirus no permitió la celebración de la corrida del santo patrón anunciada el pasado mayo, -aunque él no estaba acartelado- pero David Luguillano volvió a lucir su esbelta figura, su tez agitanada y su primoroso toreo de salón para que Natalia, nuestra gráfica, se luciera con esta galería de fotos, junto a las que nos ha facilitado el propio torero.


Esa tarde nos esperaba Pablo Alonso, -responsable de márketing de la plaza de toros de Valladolid- quién amablemente nos ofreció todo tipo de facilidades para realizar este reportaje y la grabación para Grana y Oro. Es, pues, un homenaje que, en calidad de amigo y aficionado, le ofrecemos a este torero de puro barroquismo.


GALERÍA DE IMÁGENES. Fotografías de Natalia Calvo. 


Diestro dinástico, Luguillano siempre gozó de gran simpatía y bonhomía. Con la sonrisa y el optimismo por bandera y dispuesto a agradar en todo momento, David mantiene viva la ilusión en torno al toro.

En la entrevista que grabamos para Grana y Oro, Luguillano se mostró abierto como en él es habitual. Sin rencores, -que en el toro haberlos hailos- y con mucha sinceridad. Toreo arrebatado, y siempre con el pellizco-duende de su personalísima concepción del toreo.

Así se mostró frente al micrófono. Así fue siempre como torero, aunque también hubo tardes de toreo crispado.


Porque David, aunque lleva un tiempo sin vestirse de luces, sigue siendo torero de los pies a la cabeza. A su edad -nació en 1967- la mayoría de los coletudos han desaparecido del toreo en activo. Su romanticismo lo mantiene.


Pero nuestro personaje, enjuto, fuerte físicamente y con la veteranía que dan 30 años de matador de toros, sigue toreando festivales y asistiendo a tentaderos para dignificar su profesión y su persona. Pero sobre todo por su amor y pasión al toreo.


Muchos ganaderos amigos lo llaman para tentar sus reses. Y David no para de acudir de finca en finca. Porque este torero de tez agitanada, es capaz de hacer embestir a un buey de carreta por su colocación y conocimientos de los terrenos. Y luego el manejo de los avíos. Es que es un auténtico deleite verlo torear.

Quiero finalizar con el título que el maestro José Luis Lera puso en una crónica sobre Luguillano cuando este era aún novillero y que definió la tarde: “El concierto de Aranjuez”. Yo lo vi, y aún me acuerdo de lo sublime que estuvo esa tarde David Luguillano.