Mirando a los ojos todos somos iguales

Mirando a los ojos todos somos iguales

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Estamos en un momento en el que defendiendo a la mujer y exigiendo la igualdad entre los sexos, como no puede ser de otro modo, por parte de unos sectores, autodenominados feministas, que no buscan la igualdad sino la supremacía de una ideología de género, según la cual el varón se impone a la hembra por la fuerza siendo el macho un violador y asesino, y en la que el sexo es una entidad hipotética de difícil definición que se puede superar por mera voluntad del individuo.


Pues bien, partiendo de que siempre estaré del lado de las víctimas, sean estas a mano de hombre, de mujer, de anciano, de niño, de terrorismo, de siniestro o de cualquier otra circunstancia pues, mi ser es estar cercano al que sufre e intentar ayudar y apoyar al que está en mala situación, mostrando mi más absoluta repulsa a la teoría de género, entendida como se ha expuesto, mi oposición a una legislación de violencia de género que, amén de ineficaz, impone una pena, una sanción y una culpabilidad al varón que, considero, no sólo no resuelve el problema (como se pone de manifiesto), sino que es una barbaridad jurídica (como reconocen todos los juristas en privado), por más que pretendan someternos intelectualmente a ella y tengamos la obligación de acatarla e incluso aplicarla.


La igualdad se obtiene por acceder a las mismas metas por la capacidad y valor del que así lo pretende, independientemente de lo que porte entre las piernas, y ni es admisible que las mujeres no puedan alcanzar determinadas posiciones o se les impongan trabas injustas, ilegales e inmorales, como que las alcancen por el sólo hecho de ser mujer.  Si en una empresa hay 200 trabajadores varones, no se puede despedir a 100 para contratar a 100 mujeres, se debe de imponer la política de contratación de mujeres para intentar alcanzar la paridad en el trabajo, pero si abierta la oferta no comparecen las féminas, habrá que buscar la causa y no criminalizar al que pretende la igualdad sin trampas.


Sorprende que, en las carreras de ingenierías, ni regalándoles la matrícula a las mujeres, acuden a esa formación. Es culpa del Estado, de la Universidad, del ambiente o de la propia mujer que no lo desea pese a ser carreras sin paro y con altas retribuciones.


Me preocupan los homicidios de mujeres a manos de sus parejas, pero habría que estudiar la causa cuando un porcentaje elevadísimo de estos asesinos tras la comisión del delito se suicidan. ¿La causa es ser varón o tener una enfermedad mental? Me preocupa que las mujeres sean porcentualmente más asesinas de menores que los varones y esto no se está estudiando. Me obsesiona que la causa de muerte más importante en España sea el suicidio y no se gasta un céntimo en su evitación.


Defender la libertad y la igualdad de la mujer no es desear que llegue borracha y sola a casa, es que pueda tener la libertad de ser lo que quiera, que en su vida se pueda mover sin presión de nada, ni de nadie, pero si vuelve sola y borracha a casa tienen un problema, sea hombre o mujer, el que lo haga.


Si, como creo, somos botellas con igual contenido, pero diferente continente, que merecemos igual trato, dejemos de criminalizar a unos u otros para obtener un rédito que solo se debe de alcanzar, en libre competencia, por mayor valía, preparación y capacidad, cuelgue o no algo entre las piernas, por ser importante lo que el ser humano sea capaz de hacer.


Mi respeto, apoyo sincero a la mujer, y mi lucha firme en que seamos tratados todos por igual, pero mi desprecio y repulsa a las locas y locos que buscan criminalizar a las personas por el sexo que tengan o lo que tengan entre las piernas.