Telebasura

Telebasura

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He de reconocer que en la actualidad dispongo de poco tiempo para sentarme frente al sofá y “disfrutar” de unas cuantas horas de relax con la televisión como protagonista. Mis minutos televisivos se centran fundamentalmente en visualizar el llamado por nuestros mayores “parte” y el que ahora conocemos como telediario.


Sin embargo, el pasado jueves me senté frente a la llamada “caja tonta” para analizar la oferta que cada canal ofrecía para darme unos minutos de evasión después de una larga jornada de trabajo y la experiencia no pudo ser más frustrante.


Cada vez tenemos a nuestra disposición una mejor tecnología con pantallas de una calidad inimaginable hace años para “gozar” (irónicamente hablando) de una oferta televisiva en la que ese jueves se podía uno deleitar viendo cenar a personas en una cita a ciegas o visualizar la convivencia de cerca de quince personas dentro de una casa con los gritos y los improperios como protagonistas.


A pesar del avance tecnológico, la oferta televisiva va a menos cada día que pasa. La audiencia que se sienta ante la televisión pasa de la cultura y se engancha a programas nulos de contenido y llenos de insultos que acaban por crear monstruos dentro de nuestra propia sociedad.


Las cadenas confían sus sueldos a un cúmulo de personajes que viven de la nada y que se dedican a vender tanto su vida como a comentar la de los demás con chismes, mentiras y disputas que en ocasiones pasan la frontera del respeto pero que acaba por romper todos los registros en lo que a cuota de pantalla se refiere.


Las audiencias crecen y se hacen estratosféricas gracias al insulto y a las exaltación de los pocos valores, y en muchas ocasiones las actitudes barriobajeras, en las que la violencia llega incluso a imperar en la pantalla.


Bill Gates pronosticó para el año 2007 el fin de la televisión pero han pasado diez años y esta sigue siendo la reina de los medios y una fuente de insultos en lugar de cultura que es en lo que debería convertirse.


La televisión, al fin y al cabo, es una lupa y nos enseña la sociedad que tenemos. Sigamos confiando todo a la audiencia y a los números sin importarnos la cultura y el desarrollo de nuestra inteligencia.


Paremos, reflexionemos y corrijamos errores para que la televisión vuelva a ser un medio de difusión de cultura y no de todo lo contrario como en la actualidad.