Esclavos del teléfono móvil

Esclavos del teléfono móvil

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Caminaba el pasado jueves por las calles de Valladolid con la rapidez que me caracteriza cuando de repente llegué hasta la marquesina del autobús que se disponía a llevarme a mi casa, pasadas las 20:30 horas de la tarde.


Cuál fue mi sorpresa cuando eché una rápida ojeada para observar a las personas que me acompañaban, a escasos metros, en la espera de la llegada del autobús y presencié como todos ellos, aproximadamente unas seis o siete personas, se encontraban totalmente hipnotizadas por su teléfono móvil, el cual tenían entre sus manos fuertemente agarrado.


Desde el joven con la camiseta del recientemente retirado jugador de baloncesto Kobe Bryant, a la mujer de avanzada edad con sus coquetas gafas, pasando por la ama de casa que esperaba aún con el carrito de la compra o el niño de no más de diez años que jugaba con un móvil seguramente de más calidad y enjundia que el de que les escribe.


Hace unos meses escribía sobre uno de los fenómenos que se extienden cada vez con más virulencia como es la nomofobia, que pasa por ser la enfermedad del siglo  XXI con esa dependencia supina al teléfono móvil, ese miedo a salir de casa sin él, a sentirnos por unos minutos desconectados.


Charlaba con Kepa Matilla, Doctor y Psicoanalista en el Hospital Universitario Río Hortega, que me hablaba de este problema que cada vez sufren más personas y me explicaba esa necesidad que todos tenemos de “estar constantemente conectados”.


Matilla me hablaba de los síntomas de estas personas que sufren nomofobia, con un malestar general, inquietud, disminución de la autoestima o ese sentimiento de culpa tan característico y tan absurdo a la vez ante la ausencia de un elemento totalmente prescindible que nos está haciendo auténticos dependientes.


“La costumbre existente en la actualidad pasa por el manejo del teléfono móvil desde edades cada vez más tempranas. Los niños nacen prácticamente pegados a la Tablet o a un teléfono móvil. Conviven con estos artilugios como si fuera un animal de compañía”, aseguraba el Psicoanalista.


Esto es lo que resulta aún más preocupante y lo podemos ver cada vez con más asiduidad, la utilización de estas herramientas tecnológicas cada vez desde edades más tempranas que convierten a un niño de apenas diez años en una persona dependiente, irascible y sumamente egoísta.


Antes, los pequeños iban al parque, se relacionaban con otros renacuajos de su edad y montaban en unos columpios que se desgastaban por su incesante uso. Ahora estamos educando pequeños monstruos que se enfadan si les quitas durante un par de minutos su tesoro más preciado, el teléfono móvil.


Las nuevas tecnologías, centrándonos en el teléfono móvil, pueden ser muy útiles, usados a una determinada edad y con una serie de condicionantes. Un mal uso de ellas puede llevar a trastornos como la nomofobia, un fenómeno que crece incesante y que parece no tener fin por las malas prácticas que se siguen en la sociedad de hoy en día.