Añoranzas de la 'corrida de la pana' en Salamanca

Añoranzas de la 'corrida de la pana' en Salamanca

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En esta ciudad de 'lázaros y pícaros' -alguno había por el callejón-, se acaba lo que se dió en cuanto a la Feria Taurina emanada de esa alianza empresarial del Grupo BAL, propiedad del magnate mexicano Alberto Bailleres, y la Casa Chopera -mercantilmente Martínez Flamarique SL-, que ha comenzado a organizar esta Feria salmantina por primera vez. Una Feria con más luces que sombras, porque han existido algunas faenas buenas, pero también la falta de público y las ONCE Puertas Grandes, en seis festejos, ay!


Por cierto, antes de entrar en materia, no está de menos recordarle a la empresa -propietaria de la plaza- que en estos tiempos conviene realizar mejoras en cuanto a los accesos y ubicación con las personas de movilidad disminuida. Ni tienen lugar adaptado para ellos y reservado, ni accesibilidad total. Daba pena observar a un aficionado en silla de ruedas en el tendido del 1, teniendo que mirar el acontecer en la plaza todo el tiempo de costado porque su silla de ruedas solo podía estar en paralelo a la plaza. Esperemos que para próximos eventos, la propietaria de la plaza tome medidas y a quien corresponda se las haga cumplir.


Este viajero, Torres Villarroel abajo no escuchaba, cachis, a la gente juntarse para cantar el “pobre de mí, pobre de mi, que se han acabado las fiestas de San Fermín”, la canción de despedida. La gente estaba triste, no porque todo se acaba y vuelve la rutina, sino por el sabor medio amargo que ha dejado esta feria que acabó como empezó, abriendo la Puerta Grande en un ferial más festivalero, en cuanto a los trofeos, que de exigencia y calidad.


Los aficionados también añoran aquellas corridas de antaño el día de San Mateo, que era fiesta en Salamanca, y ¡vaya fiesta! Ya podían llegar a un acuerdo Ayuntamiento, Diputación de Salamanca y empresa para volver a recupear la festividad de San Mateo como Día de la Provincia. Si no en la forma de vestir, porque ya no utiliza pana ni Felipe González, sí en lo lúdico, cultural y reivindicativo.


‘La corrida de la pana’


Y ya está, se acabó, aunque no para todos: mucha gente se niega a lo inevitable y sigue de copas toda la noche mientras la vida diaria le va segando la hierba debajo de los pies, le cierra bar tras bar y el amanecer le pilla todavía de imaginario blanco y rojo. Antaño de pana, porque así se conocía la corrida del día 21 de septiembre, San Mateo, ‘La corrida de la pana’. Eran aquellos tiempos en que, además de ser festivo en toda la provincia, era el día en que las gentes de los pueblos venían a la capital al mercado de San Mateo. Eran los cestos y cestas de mimbre, la porcelana, la cerámica, el turrón de La Alberca, la miel serrana, el vino de La Ribera… Eran los autobuses de Coca y Ciruelicos y Hermanos Martín y la Serrana que venían llenos a rebosar hasta la ciudad. Eran las estaciones de San Isidro -por la Pontificia- y San Juan donde llegaban aquellos autobuses atiborrados de boina y pana.


Pero también era los callos de Casa Melchor y la corrida de toros. Pero qué corridas, señores. Era un rejoneador -cuando era- y toros de los que ahora se llaman de ‘las duras’, pero no duros, durísimos. Eran hierros del Cura de Valverde y Barcial y ‘patasblancas’ de Galache y Gracilianos y, cómo no, también algún Miura. Recordaba el viajero con el amigo Cañamero aquella inolvidable corrida del día 21, allá por el año 90, cuando toreaban una corrida del Cura de Valverde El Fundi, Pedro Castillo y Morenito de Maracay. Sí, una corrida dura con la plaza de 'no hay billetes' y, mira por dónde, que Pedro Castillo tiene que matar el toro y es casi imposible. El animal, con dos estoques clavados, aún tiene fuerzas para recorrer la plaza y, además, pegar una paliza de 'muy señor mío' al matador que terminó casi desnudo. Cosas de la pana, cachis!


Eran tiempos en que la plaza presentaba el ‘no hay billetes’ y el sol ocupado por las gorras negras, la pana, las botas de vino casero y el chorizo y el pan. Pero ahora todo ha cambiado, y para peor, cachis.


Porque la Feria de este año en Salamanca ha sido en definitiva una Feria, no de Puerta Grande. Sí de puertas grandes, ONCE -comprenderán la diferencia-, sobre la que volveremos en análisis posterior. Así que el cierre no podía ser menos que de puertas grandes, porque salían en hombros de La Glorieta Pablo Hermoso de Mendoza, Sergio Galán y Lea Vicens, quienes han protagonizado una entretenida tarde de toros en la que ha habido la segunda mejor entrada de la Feria. Un cartel cansino, repetitivo por segundo año consecutivo y, por ende, sin atractivo alguno. Tres cuartos de plaza. La corrida de Ángel Sánchez y Sánchez dio buen juego en su conjunto y permitió lucirse a los tres jinetes, que cada uno con su marca personal, hicieron las delicias del respetable, bonachón y complaciente. Es que el público de Salamanca no exige… da igual clavar que no, y matar como mandan los cánones o dar un bajonazo… El caso es aplaudir -y repite el viajero un día más, que batir palmas al menos es gratuito- y sacar moqueros -cuando los hay, porque abundan las feas almohadillas blancas, para algo son de ese color-.


La corrida


Pablo Hermoso de Mendoza, el rejoneador de la casa, estuvo bien, como un gran maestro, aunque no fue una tarde para recordar. Pablo ya cuesta llegar al tendido porque lo difícil lo hace fácil y está, hay que decirlo, muy visto. Gusta cuando aprieta. Eso sí, cuando… Templa como nadie en tablas, y sabe dominar todos los momentos de la lidia… pero, repito, está muy visto ya en esta plaza. Quizás no muy correcto en la suerte de matar. A destacar el toreo de 'Berlín' en el primer toro, espectacular el temple, las piruetas, dobles piruetas hacia los adentros... y el público exaltado.


Sergio Galán tiene técnica depurada. Conoce la lidia. Maneja bien los caballos. Pero ¡ay! cuánto le cuesta llegar al tendido. Es un torero frío, falto de espectacularidad en tiempos que más que lo clásico se lleva el tremendismo… Esa es la cuestión y cuando no se anda muy fino con el rejón de muerte… pues dos orejas y silencio y, bueno, también Puerta Grande.


Buena sensación, nuevamente, dejó la francesa Lea Vicens. Por segunda vez en esta plaza y en esta provincia. Tiene que seguir. Pero se observa que posee lo esencial, dominio en el caballo, interés, técnica y, qué demonios, también arriesga para ‘meter’ al público en su faena y, encima, conecta bien. Salió triunfadora con tres orejas y, desde el callejón, su apoderado, el ‘bohemio’ Simón Casas -el de Nîmes y Madrid- miraba feliz bajo sus óculos y el pitillo inconfundible.


Al final, cuando se cerraba la Puerta Grande, la de la feria de las puertas grandes, quedó el sabor amargo, en el saludo y despedida a los amigos y también compañeros y compañeras -como se dice ahora- de una Feria de ausencias significativas -por lesión unas, y por malos designios de la empresa otras-, de poco público, de carteles sin interés y de un público bonachón, triunfalista y nada exigente. Verdad don Ramón? Cachis!


FICHA DEL FESTEJO


Plaza de ‘La Glorieta‘, Salamanca. Sexta y última del abono de la Feria de la Virgen de la Vega 2017. Tres cuartos de entrada. Toros de Herederos de Sánchez y Sánchez, de buen juego en general aunque muy desiguales en presentación.


Hermoso de Mendoza: dos orejas y aplausos.


Sergio Galán: dos orejas y silencio.


Lea Vicens: oreja y dos orejas.