La procesión de la Virgen del Castañar, con un sexto sentido

La procesión de la Virgen del Castañar, con un sexto sentido

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A las 11 horas ya ningún taxi estaba disponible en Béjar. “Es que... es el día que es, de verdad que lo siento”, se disculpaba un taxista esta mañana por teléfono ante un cliente. Nadie se quería perder la procesión en honor a la Virgen del Castañar, una tradición que forma parte de la identidad de Béjar, y que se incluye dentro del programa de Fiestas que desde el pasado día 1 vive la ciudad.


Con los cinco sentidos, y hasta con uno más, así viven el día grande las Fiestas de Béjar los cientos de personas que celebran desde esta mañana la jornada de convivencia en honor la patrona de la ciudad, la Virgen de El Castañar. Bejaranos y forasteros han ascendido hasta el paraje que da nombre a la imagen tanto a pie como en coche, e incluso en autobuses precedidos de colas interminables. Pero con los sentidos bien despiertos.


La vista


Y es que el día de la Virgen del Castañar se puede disfrutar con la vista. Para los ojos, este día es verde y azul: castaños y cielo. Es, también, para quien mira, colores salpicados a través de las camisetas y pañoletas de las peñas de la ciudad. Y es, para los más fieles, una forma de ver a la patrona a la que veneran en plena naturaleza.


Público de todas las edades graba y fotografía la imagen de la Virgen del Castañar durante la procesión.


Hoy, y desde hace ya unos años, a la patrona se la mira con los ojos, pero también con las cámaras, con los móviles, y a través de los cientos de mensajes con fotos y vídeos que de ella se envían durante estos días de un terminal a otro. “Ay, mira, la acaban de sacar. Hay que ver cómo la llevan, ¡con lo que pesa!”, explicaba una viajera en uno de los autocares con destino El Castañar, mostrando un vídeo que acababa de recibir en su teléfono.


El oído


El oído tiene mucho donde escuchar en El Castañar. Al paso de la imagen se oyen los gritos de “¡viva la Virgen del Castañar!”, “¡guapa, guapa!”, y los aplausos de quienes incluso se emocionan a su paso. Entre el público, muchas personas se santiguan. Y suena la Banda Municipal de Música de Béjar, fiel a la tradición.


Uno de los músicos de la Banda Municipal, que acompaña a la comitiva durante la procesión de la Virgen del Castañar. Músicos de la Banda Municipal de Béjar, que acompaña a la comitiva durante la procesión de la Virgen del Castañar.


El gusto


Pero también hay lugar para el sentido del gusto, para el paladar. Y es que en un día como hoy El Castañar sabe a obleas, a almendras garrapiñadas e incluso a martillo rojo de caramelo (los puestos ambulantes siguen fieles a la cita). Sabe, en ocasiones, a bocadillo hecho casero hecho cuidadosamente un rato antes o a un pincho o aperitivo en cualquiera de las terrazas, que durante todo el día estarán a tope.


El olfato


Y huele bien. Claro, porque el aire está limpio. Y a veces, según donde te coloques para no perderte nada, huele a colonia porque, este, es un día para arreglarse, para ir elegante, pero con comodidad, porque El Castañar está lleno de cuestas y el calzado debe ser el idóneo.


Imagen de la Virgen de El Castañar, con la ciudad al fondo. El paraje es especialmente valorado por la limpieza del aire que en él se respira.


El tacto


Es cierto que el manto de la Virgen no se puede tocar, pero hay otras experiencias para el tacto de quienes viven este día con fervor. Es el caso, por ejemplo, de las peñas. Durante la mitad del recorrido, son los peñistas quienes portan sobre sus hombros a la patrona. Con sus manos sienten la madera de las andas y el calor del compañero que le precede en la fila. La Virgen es trasladada al Mirador y, de regreso al templo, el ascenso es cosa de las peñas.


Integrantes de una de las peñas de Béjar portando a hombros la imagen de la patrona, esta mañana. Integrantes de una de las peñas de Béjar portando a hombros la imagen de la patrona, esta mañana.


El intercambio de porteadores, que se lleva a cabo en varias ocasiones, es uno de los momentos más emocionantes. Una vez en hombros, hacen “bailar” la imagen, y también llevan a cabo varios descansos para recuperar el aliento.


Sentido de identidad


Y es que son muchos los símbolos que dan forma a esta tradición. Y quizá se necesario un sexto sentido para entenderlos todos. Desde que la imagen deja temporalmente su lugar en el santuario hasta que regresa (se trata de un recorrido de ida y vuelta), ese sexto sentido de origen bejarano -sentido de identidad, podría llamarse- percibe otras sensaciones.


Porque el Día de la Virgen del Castañar es llevar a la patrona al Mirador “para que vea Béjar”, y allí pedirle trabajo y salud, y recordar a quienes ya no están. Porque para quienes portan la imagen sobre sus hombros su esfuerzo es “todo un orgullo”. Porque cada peña sabe que sólo ellos y ellas han “bailado” la imagen mejor que nadie.


Y porque el sentido de identidad bejarano se traslada a veces a la infancia para descubrir que, el Día de la Virgen, en El Castañar se siguen escapando globos de helio de las manos de niños y niñas a quienes sus papás no les han atado bien el hilo a la muñeca.


El programa completo de las Fiestas de la Virgen de El Castañar de Béjar 2017 se puede consultar aquí.