Fútbol profesional, juego de listillos

Fútbol profesional, juego de listillos

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La detención días atrás de Ángel María Villar, ex presidente de la Real Federación Española de Fútbol, despierta en mí un argumentario, no muy antiguo -6 años- año 2011 fatídico y determinante para el fútbol salmantino, año del vergonzoso y creo que amañado descenso de la UDS a Segunda B. Más adelante expondré un argumento a tan contundente afirmación, y es iracundo, vengativo, duro y contundente por reafirmar, tras lo visto, lo que venía pensando.


Que el Fútbol profesional y semiprofesional, ese que abarca desde la Tercera a la Primera División es ….


“UNA VULGAR ESTAFA”.


Es una estafa principalmente al aficionado, pues van al campo a ver con ilusión como 11vs11, a veces en injusta lid, luchan por el gol y -con un reglamento de por medio- creyendo de la absoluta limpieza del arbitraje, aunque esa siempre será la excusa de las discusiones de cada lunes, jugadas dudosas producidas durante el juego, “el árbitro, ha sido culpa del árbitro, es que estaba comprado” no andan lejos. Ahora mismo nadie me quita la idea de creer que están presionados por la mafia futbolística.


Es un engaño también a las ilusiones de los niños, que practican en sus niveles correspondientes ese Deporte llamado Fútbol con la ilusión de llegar a jugar en su equipo y progresar hasta jugar en los “grandes”.


Es una estafa y un martirio para aquellos que sin interesarles el fútbol, que esa cansina controversia que escuchan todos lunes en el trabajo o en el bar después de la jornada futbolística, podría ser una jugada amañada, para crear así, con las posiciones a favor o en contra de los aficionados y no tan aficionados, una expectativa que para nada merecía ser tal foco de atención.


Es una estafa la de muchos empresarios que utilizaron el fútbol para posicionar mejor sus negocios, hacer de los estadios una especie de feria de muestras de intereses variopintos que distorsionan la esencia de este deporte.


Es, en definitiva, una estafa de la que creo he sido víctima. Sí, fui aficionado al fútbol y socio de la UDS aquel fatídico año, aún estoy recordando cuando empezó la caída, fue en el partido del Salamanca-Betis, ese partido en el que el jugador de la UDS Miguel García volvió a nacer.


Cualquiera que haga un análisis de los resultados obtenidos por la UDS después del partido Salamanca-Betis convendrá conmigo (porque es un dato objetivo) que la mano arbitral fue algo determinante, aunque esta apreciación también puede ser discutible, si se hizo conscientemente o no, pero que existió, de eso no hay duda.


Lo sospechoso es que fueron los diez domingos negros del arbitraje “todos seguidos” que encaminaron a la desaparición de la UDS. Un equipo, ya con problemas económicos, jugando en una Segunda B paupérrima sería imposible que pudiera encauzar en ella la gestión económica. Y así se confirmó.


Mi argumento principal para haber sospechado, aunque eso sí, no siempre de la falsedad del fútbol profesional, es muy sencillo: Imaginar una empresa que gana dinero, mucho dinero con 4 o 5 máquinas de las 20 o 22 que tienen su empresa, trabajan bien, son la imagen de la empresa, dotándola de categoría y liderazgo respecto de otras empresas. Esas máquinas necesitan para seguir generando dinero del esfuerzo de otras máquinas que son menos valiosas, menos costosas de mantener, máquinas que en caso de fallar son reemplazadas sin miramientos para que las cuatro o cinco de arriba sigan ganando dinero, para mantener el negocio.


Las máquinas que estan abajo reciben un peor trato, sin mantenimiento, sin miramientos, si se estropean no pasa nada; son cambiadas por otras. La cuestión es tener en funcionamiento 15 máquinas para servir a las de arriba. Esto es el fútbol profesional.