Crónicas rurales y de toros: Frandovinez

Crónicas rurales y de toros: Frandovinez

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Y lo hicimos de nuevo; volvimos a Frandovinez, a ese páramo burgalés que abraza y baña el Arlanza. Y lo hicimos por cuarto año consecutivo. En esta ocasión sin mi amigo Castellanos y su ya famosa tora, pero sí con otro amigo, aficionado práctico taurino y buena gente como es Chuchi Martínez; un riosecano de pro afincado en Pucela y con despacho profesional donde ejerce la abogacía junto a su esposa.


El motivo fundamental del viaje era la final del certamen de tentaderos que anualmente organiza la Federación Taurina de Valladolid y la peña “Jorge Manrique” de Medina de Rioseco en la ganadería de Antonio Bañuelos, en Hontomin, en pleno Páramo de Masa. En Frandovinez nos unimos a los familiares de mi amigo Castellanos, encabezado por su primo carnal Jesús Angel, su sobrino Miguel Angel y los amigos y vecinos Alejandro y Fidel.


Ni que decir tiene que íbamos bien pertrechados de condumio del bueno; los amigos de Frandovinez se encargaron de ello con queso de Sasamón y embutidos varios de los caseros de toda la vida. Y para que el gaznate no se secara trajimos desde Valladolid la bota de vino, con un excelente Ribera, que Castellanos nos hizo llevar hasta sus primos. Todo cayó en la segunda vaca.


Mañana excelente en Las Cabañuelas de Antonio Bañuelos, con ligero vientecillo que nos permitía aliviarnos del soletón que caía a plomo. Enseguida pudimos ver a los seis finalistas del certamen cuando el incombustible Justo Berrocal presentaba la final. Tras la foto de familia, captada por nuestro compañero gráfico Fermín, se daba el pistoletazo de salida de la primera vaca. Y hablamos directamente del ganador: Juan Pérez Marciel.


A pasos agigantados crece taurinamente este chaval de Nava del Rey que posee desparpajo y maneja con primor las telas toreras. Así lo demostró, proclamándose ganador, en la disputada final de la IX edición del certamen de tentaderos “Ciudad de los Almirantes”.


Se tentaron cuatro vacas muy nobles y manejables de Antonio Bañuelos, aunque alguna acusó flojedad en exceso. El ganadero burgalés volvió a ofrecer generosamente sus animales y sus instalaciones en una mañana veraniega, reuniendo a cientos de aficionados llegados de distintos puntos de nuestra geografía.


La clasificación quedó de la siguiente forma: Juan Pérez Marciel, 52 puntos. Jorge Rodríguez, de Toledo, 45 puntos. Félix Arévalo, de Segovia, 41 puntos. Borja Serrano, de Medina del Campo, 40 puntos. En quinta posición quedó la toledana Estella Magán, 39 puntos y en sexto lugar quedó el madrileño Santiago Espín con 32 puntos.


El varilarguero vallisoletano Pedro Iturralde fue el encargado de picar a las vacas. Destacamos la lidiada en tercer lugar que dio buen juego y el ganadero optó por que fuera de nuevo al caballo tras ser tentada. A la colorada le costó, pero cumplió.


Y en uno de los burladeros de la placita de tientas se encontraba el matador de toros vallisoletano Raúl Alonso, ahora nuevo director de la Escuela Taurina de Rioseco, auspiciada por la Federación. Ofrecía Raúl a los chavales su experiencia para que desarrollaran lo mejor de ellos ante las vacas.


Tras el tentadero, que resultó muy interesante, se procedió a la entrega de los premios al ganador: un capote de brega y una muleta que entregaron Bañuelos y Berrocal respectivamente. El chaval de Nava del Rey se mostró orgulloso ante las cámaras de Grana y Oro y comentó que era un sueño desde que era un niño. Y ahora a aprovechar lo que venga, dijo Juan Pérez Marciel.


De inmediato partimos hacia Frandovinez con parada obligada en la capital de El Cid para comprar pan con Miguel Angel de intendente; unas tortas caseras que hicieron las delicias. Mientras, por delante; Fidel, Alejandro y Jesús Angel, fueron organizando la intendencia, pero fundamentalmente las brasas en la cocina-salón de Fidel. Enseguida nos llegó el olor de las chuletillas de cordero y un cabecero de lomo ibérico que devoramos con fruición y verdadero deleite.


Tinto cosechero fresquito para mezclar con cola y otro tinto ribereño para los más exigentes. No faltó de nada, sobre todo la atención y la amabilidad de estas buenas gentes burgalesas. Los postres llegaron desde Valladolid, vía Castellanos, que nos quiso obsequiar con riquísimos dulces de Bravo (una pastelería pucelana que elabora la crema pastelera de diseño).


Los pasteles y la ausencia de mi amigo Castellanos estaba justificada por la comunión de su nieto Beltrán. Pero tentado estuvo de venir con nosotros y volver de inmediato para llegar a tiempo a la ceremonia y al posterior ágape. Eso sí, el móvil sonaba a cada momento para ver si los de Frandovinez nos habían atendido bien, ante la ausencia obligada del primo de Valladolid.


Los cafés, variados chupitos y entretenida conversación nos llevaron hasta las seis de la tarde. Alejandro y Fidel nos contaron sus campeonatos de bolos burgaleses; Jesús Angel y su sobrino Miguel nos hablaron de sus pasiones futboleras recordando aquel Burgos de Juanito cuando militaron en la primera división. Y mi amigo Chuchi, que fue obsequiado con un veguero de los que Fidel guarda de las bodas, se encontró feliz y a gusto entre estas buenas gentes cidianas, como diría mi amigo y director de NCYL Carlos Velasco.


Ea, pues hasta otra, amigos. Gracias por vuestra generosidad y amistad.


P.D.: “Aprendí que un amigo que acabas de conocer, puede ser más auténtico, que el que conocemos de toda la vida”.