Joder, qué panorama

Joder, qué panorama

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Prietas las filas, recias, marciales, las escuadras de Pablo Iglesias se presentan cada vez que desean realizar una rueda de prensa de cierta importancia, en las que encabeza el líder su desfile hasta llegar al atril, flanqueado por sus coroneles, seguidos estos de sus auxiliares. Una vez ante el atril y las huestes de periodistas colocadas, avanza el líder, con rotundidad castrense y, no sin antes realizar todo tipo de serios y adustos gestos, con engolamiento e intentando dotar el acto de una solemnidad que cohonesta mal con su indumentaria, comienza su discurso.


Patética intervención, carente de sentido, solidez y solvencia intelectual que intenta ocultar con toda esa parafernalia, con la imagen, la mercadotecnia y el cálculo mediático, que lo sostiene, aun cuando al poco la careta se vuelve contra él, por más que sus palmeros, políticos y mediáticos,  se la quieran sostener.


Si cualquier otro partido o formación política, de izquierda, de centro o, sobre todo, de derecha, se envolviese en estos mantos, a buen seguro que sería tildada de utilizar los mecanismos populistas, teatrales y de fondo del fascismo más rancio de la época de Hitler y Mussolini, de arcaicos intransigentes que no han sido capaces de avanzar con la historia y las necesidades de los ciudadanos.


Es cierto, y no por ser dicho por el porquero deja de ser menos cierto que si lo dijese Agamenón, que nuestra democracia precisa de una limpia, de una regeneración y de una transformación que nos devuelva a los ciudadanos la fe en la política y en los políticos; pero, cuando es el porquero el que propone las soluciones, nos encontramos con su falta de preparación, su ansia de revancha, su inconsistencia intelectual, su mirada a tiempos ya superados no sólo por la ciudadanía, sino por una historia que nos enseñó la sangre que sus postulados arrogó a los que la padecieron. Como decía el poeta, la verdad será la misma pero "la mayoría de los hombres preferirá, a la verdad vulgarizada..., la mentira ingeniosa o la tontería sutil" de lo que se aprovecha el porquero, que encuentra una sociedad bacín, vacía, que confunde la verdad con la solución.


La gestión de una empresa requiere solvencia, preparación, seriedad, meditación, estudio, valoración sosegada y asunción del riesgo y, cuando su líder carece de alguna de estas virtudes o valores, o los busca o los implementa con asesores externos o su final está escrito. Pues bien, de igual modo que una empresa, la sociedad, el liderazgo político, requiere de esas probidades y cuando el dirigente carece de ellos, lo que es habitual, deberá de rodearse de los mejores, para ser mejor, pues cuando el porquero se reúne de mangarranas, el desastre está servido.


El PP no tiene más remedio, tras la temporada de aceite hirviendo que está viviendo, que reconstituirse y refundarse. En igual situación se encuentra el PSOE, que tiene la ventaja de estar igual que su adversario, pero sin gobernar y sin poder caer más hondo. Que no corran los de Ciudadanos que deben de fortalecer sus filas con personas de valía contrastada, de solvencia profesional demostrada y limpiar de ganapanes, inanes y vividores con los que ha tenido que formar sus equipos iniciales. Lo de Podemos no tiene solución, pues están convencidos de que con la Señorita Pepis, la imagen del coletas y la mirada al pasado llegarán muy lejos, y será el día a día el que les demuestre que el PCE valía por su coherencia y que ellos han subido como la espuma de la cerveza por una ventana de oportunidad concreta, pero como esa espuma desaparecerán, pues no tienen el valor de la ligazón que se conforma con la coherencia.


Los “perritos sin alma”, que de tontos tienen poco, siguen dando el voto al PP por esa falta de seriedad, de rigor, de criterio, que muestran todos, por lo que, aplicando el dicho “más vale lo malo conocido”, le siguen, por ahora, dando el voto. Pero, cuidado, un solo movimiento correcto de cualquier agente político, por insignificante que pueda parecer hoy, puede cambiar el rumbo de forma radical, si es serio, coherente, creíble, cercano, riguroso y demuestra que se pueden cambiar las cosas democráticamente, controlando el poder, profundizando en la independencia judicial, fortaleciendo el sistema, sin venganzas, sin revanchas, sin destruir lo hecho, mirando al futuro y no al pasado.