Las gargantillas de San Blas vuelven a proteger de catarros

Las gargantillas de San Blas vuelven a proteger de catarros

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La tradición de las gargantillas de San Blas ha ido pasado de generación en generación como un "remedio divino" para protegerse de los catarros, una forma popular y peculiar de hacer frente a las gélidas temperaturas que todos los inviernos registra la provincia de Salamanca.


A finales de enero y a las puertas de San Blas es habitual ver a vendedores que se sitúan en el centro de la ciudad, a la espera de quienes quieren proteger sus gargantas como marca esta tradición, muy presente en comarcas como la de Ciudad Rodrigo.


En la provincia es habitual ver a fieles que llevan colgadas estas cintas consagradas, un "complemento" que se remonta siglos atrás y que habitualmente se mantiene en el cuello hasta el Miércoles de Ceniza, cuando se quema, a la espera de un nuevo invierno y una nueva gargantilla.


"Para gustos están los colores", así reza un dicho popular que bien vale para esta tradición, pues la diversidad de tonos es una de las características que llama la atención entre aquellos que desconocen su uso.


Para los que duden de esa diversidad de colores, solo hay que ver a los vendedores con los cientos de ellas, de numerosos tonos, que tienen a disposición de aquellos que mantienen vivo su uso popular.