Salamanca criminal: los escondites de la droga más inverosímiles

Salamanca criminal: los escondites de la droga más inverosímiles

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La crónica de sucesos está impregnada cada vez más con hechos delictivos hasta no hace mucho tiempo más propios de grandes urbes, de otras latitudes donde la delincuencia está a la orden del día. Pero la globalización también conlleva la expansión del delito y sus nuevas vertientes, que NOTICIASCYL les detalla cada domingo en una serie, acercándoles los detalles sobre prácticas cada vez más comunes en Salamanca.


Es el caso de los escondites de la droga, cada vez más inverosímiles, lugares donde los narcotraficantes introducen cocaína o hachís para intentar pasar los controles de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Salamanca, como provincia fronteriza con Portugal y eje de las rutas hacia Madrid y entre el norte y sur de España, ha sido epicentro de importante operaciones antidroga. El ejemplo más reciente son los 1.335 kilos de hachís que viajaban escondidos entre toneladas de naranja, pero hace más de una década se llegaron a encontrar 23 kilos de cocaína entre el nervio de tablas de surf.


La comida es el principal escondite empleado. El más común, introducir la droga entre los productos que se transportan, en algunas cajas disgregadas al final del cargamento para intentar pasar desapercibida al sofisticado olfato de los perros de Guardia Civil y Policía Nacional. Pero la delincuencia también evoluciona y por ejemplo se ha incauta pulpo a la cocaína, pues la droga se había disuelto entre una especie de salsa que posteriormente, tras pasar por un laboratorio, volvería a reagruparse.


La fruta es también objeto de la innovación delictiva. Por ejemplo, el hachís no se transporta en grandes paquetes, sino que se distribuye en bellotas y cada una de ellas está dentro de una manzana, una naranja o una pera a la que previamente se ha realizado un hueco. Después se coloca la pegatina de la marca encima para disimular la zona del producto que fue manipulada. Un método ‘de chinos’, como se diría en el argot popular, debiendo introducir la droga pieza a pieza, pero más propio de los cargamentos que provienen de Sudamérica.


También están quienes envasan al vacío la droga, manufacturando la mercancía en botes y latas que se rellenan con hachís o cocaína y se cierran con una máquina fresadora. Tal es la pericia que se introduce el peso exacto que marca la etiqueta del presunto alimento para no llamar la atención de quienes revisen la mercancía. Así se llegaron a intervenir hasta 200 kilos de hachís dentro de latas de piña en conserva.


Y si los alimentos son uno de los lugares más empleados para camuflar droga, los dulces también. Por ejemplo, en caramelos, envolviendo pequeñas dosis para dificultar la labor de los agentes al estar la sustancia estupefaciente muy distribuida y obligarles a desenvolver uno a uno cada caramelo. Hay quienes hasta empleo máquinas de termosellado para cerrar los envoltorios con la droga y dar mejor el pego.


Cuanto más impensable sea el habitáculo para la droga, más probable es encontrarla allí. Por ejemplo, en juguetes para niños. Ya sea dentro de motores o el lugar destinado para las pilas, ya sea entre el cabello de muñecas, los narcotraficantes buscan cualquier rincón recóndito en el que poder camuflar su mortal mercancía. Por ejemplo, también se ha llegado a encontrar cocaína entre pañales y ropa de bebé.


Finalmente, los materiales de construcción son otro de los escondites preferidos por los narcotraficantes por las múltiples posibilidades que ofrecen. Por ejemplo, se encontró droga en el interior de tablones de madera que previamente habían sido vaciados para dejar su interior hueco. Paquetes de hachís estaban perfectamente alineados y rociados con resina y su vez envueltos con espuma de policarbonato para intentar camuflar su olor.


Pero el olfato de los perros detectores de droga es increíble, y así se demostró con un cargamento de ruedas, donde el hachís viajaba escondido en la cámara de aire, o en otras ocasiones la droga hacía sido envuelta durante el propio proceso de fabricación de la rueda, entre el caucho. En otra ocasión, paquetes de folios eran el habitáculo de kilos de hachís y hasta enciclopedias vaciadas de hojas pero rellenas de cocaína. Porque si el saber no ocupa lugar, el ingenio de la delincuencia sí, y el trabajo de Guardia Civil y Policía Nacional para detectar la droga, aún más.


https://www.noticiascyl.com/salamanca/sucesos-salamanca/2018/11/29/la-guardia-civil-se-incauta-de-1-335-kilos-de-hachis/


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