Salamanca criminal: ladrones ‘lanzas’ de viviendas habitadas

Salamanca criminal: ladrones ‘lanzas’ de viviendas habitadas

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La crónica de sucesos está impregnada cada vez más con hechos delictivos hasta no hace mucho tiempo más propios de grandes urbes, de otras latitudes donde la delincuencia está a la orden del día. Pero la globalización también conlleva la expansión del delito y sus nuevas vertientes, que NOTICIASCYL les detalla cada domingo en una serie, acercándoles los detalles sobre prácticas cada vez más comunes en Salamanca.


Es el caso del incremento de los robos en viviendas habitadas por parte de bandas formadas temporalmente para llegar a España, desvalijar unos objetivos predeterminados y regresar a su país de origen con el botín. Son los denominados ‘lanzas’, procedentes de países de Sudamérica, principalmente Chile, que se asocian con delincuentes españoles para dar salida posteriormente a los objetos sustraídos, entre los que aparecen aparatos electrónicos, joyas y herramientas, entre otros.


El grupo lo conforman personas con mínimo arraigo en España y que residen temporalmente en el país, como por otras cuyo único propósito es trasladarse a territorio español para llevar a cabo una campaña de robos, antes de regresar a su país de origen.


Los componentes residen principalmente en pisos 'okupa', buscados y ofrecidos por una persona que da cobertura al grupo mientras sus integrantes permanecen en España. Así, eluden utilizar establecimientos hosteleros o viviendas de alquiler, lo que complica la labor policial.


Las actuaciones siempre incluyen un mínimo de tres personas, que rotan dentro de la organización a la hora de cometer los robos y protagonizar roles como la elección de objetivos, vigilancias y el transportes de los efectos sustraídos, así como su venta posterior. Robos que se llevan a cabo en viviendas aprovechando la ausencia temporal de sus dueños, estudiada previamente al ser salidas habituales de los moradores que siguen un patrón detectable para los ladrones.


La mayoría de las joyas sustraídas son enviadas al país de origen de los detenidos, ocultas en maletas, por vía aérea, aunque una parte son entregadas en establecimientos de compraventa de oro sin registro ni control administrativo. Mientras, los aparatos electrónicos o informáticos son recibidos por una persona que se hace cargo de la mayoría y que posteriormente vende. Todo un entramado delictivo concienzudamente estudiado para actuar rápidamente y dejar el menor rastro posible.