Un archivo, una historia y una España de todos

Un archivo, una historia y una España de todos

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     Los movimientos sociales se desarrollan siguiendo unos protocolos (oportunidad política, estructura de movilización, marcos de la acción colectiva y repertorios de la contienda) usando ventanas de oportunidad que les permiten crecer, a la par que utilizan alianzas y gobernanzas, que los hacen fuertes.


         En este sentido, nace en Castilla y León el movimiento de las mareas blancas, como reacción a un agravio que se define como la defensa de la sanidad pública, que consigue su fuerza por las alianzas de izquierda y profesionales en situación crítica, pero que se potencia por la firme oposición del Consejero de Sanidad y la falta de acción del Presidente de la Junta.      En cualquier caso, se presentan como una acción cívica digna de apoyo, su objeto es la sanidad de los ciudadanos y con la oposición a la justa reivindicación se acrecienta y consiguen hasta siete mareas blancas de gran éxito social, a las que he acudido en, al menos, tres ocasiones y que, curiosamente, me he sentido rechazado por no ser de izquierda.  Bueno, también me rechazaron en una ocasión en el movimiento 15 M, donde me quisieron pegar por compartir el diagnóstico pero aplicar diferentes medidas para su solución… ¡Cosas de la democracia de la izquierda!


         Por otra parte, aparecen movimientos sociales que defienden la Unidad de España, la Unidad del Archivo de la Historia de la Guerra Civil de España, que, inicialmente, tiene el apoyo de la izquierda, recordemos a D. Jesús Málaga, luchando por lo que nos es propio; después, tuvo una potenciación desde la derecha, recordemos a D. Julián Lanzarotemanteniendo la misma bandera; y luego, llegó Zapatero y ordenó la salida y expolio del Archivo, y cómo hasta D. Alfonso Fernández Mañueco aceptó que no volverían los papeles pues, según él, aquellos que fueron hurtados: “no cumplen los requisitos establecidos en la propia ley para su devolución».


         El movimiento social siguió adelante, luchó, peleó y con la voz de una sola persona, D. Policarpo Sánchez, la llama siguió viva, seguía la lucha por recuperar lo desfalcado. Y, en esto, apareció el ministro de Cultura, Sr. Guirao, y manifestó su voluntad de entregar otros 43.000 documentos a la Generalidad de Cataluña y que si la Ley no servía, él haría otra.


          El agravio se mantiene y se incrementa, la estructura de movilización se refuerza, los marcos de acción colectiva y los repertorios se conservan y D. Policarpo está más fuerte en la defensa de la unidad del archivo, de la historia y de España que son dignas de trabajar por ellas y, así, se le hace saber a todas las fuerzas políticas que, hace ya tres años, firmaron un documento de apoyo a esa acción colectiva.


          Tras las afrentosas manifestaciones del Sr. Ministro, buscamos la unidad de acción política sin que ninguno se convirtiera en líder de la defensa y, cuál no es la sorpresa de que, aquellos que deberían defender con más ahínco el archivo, pues les afecta  a los “autodenominados rojos” de aquella época, son los que, con métodos mafiosos que luego en público critican, te tildan de estar subvencionado por la ultra-derecha (como si ellos no estuvieran en brazos de la carcunda marxista), e intentan restar dignidad a la defensa por ser algo superado, en una acción sectaria habitual, en la que sólo es digno lo que ellos defienden.


          José Luis Mateos debiste sacudirte las losas de una política nacional y luchar por lo que es tuyo, como en su día lo hizo Jesús, incluso haberte posicionado con Ganemos-Podemos hubiera sido más comprensible que la oposición mantenida. Digno es luchar por la sanidad, y en ello tendréis mi apoyo, como digno es luchar por la unidad del archivo, de la historia y España y esperaba yo el vuestro, por lo que me apena ver cómo la política distancia a las personas de las grandes y dignas luchas, o ¿acaso España no es una lucha digna?