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De desconocidas a casi “hermanas”

31 octubre, 2018 14:24

Hay que ver como de una casualidad, de esas que se presentan cada día, puede nacer la más bella y sana de las amistades, que puede durar toda una vida, como nos confiesan Laurine (joven tutelada) y Lidia (voluntaria), dos jóvenes de 17 y 28 años respectivamente que valoran, más que el qué, el con quién, ya que aseguran que les da igual lo que hacer, con el hecho de estar juntas.

Su preciosa amistad nació a raíz del Programa Enlace, que se basa en el acompañamiento personal de un voluntario a un joven tutelado o ex tutelado, con el fin de ofrecer apoyo social y emocional y  de ser un referente positivo que les ayude en su proceso de tránsito a la vida independiente.

Este programa está dirigido a jóvenes de entre 9 y 21 años y es un proyecto de la Fundación Adsis, una entidad sin ánimo de lucro, que trabaja desde hace más de 50 años, con el fin de que las personas en situación de vulnerabilidad, sobre todo los jóvenes, tengan las mismas oportunidades que el resto.

La importancia de Fundación Adsis y el Programa Enlace

“Es muy satisfactorio ver cómo a lo largo de los años la experiencia nos va diciendo que el programa va teniendo un gran impacto y que cada vez son más los jóvenes que lo demandan por iniciativa propia. Se trata de un proyecto complejo, fácil de explicar pero difícil de coordinar. Es una red en la que no puede haber resquicios”, nos cuenta la directora de Fundación Adsis Valladolid, Aurora Corona Velasco.

Esta entidad suma en la actualidad 22 primaveras y se encuentra repartida, a nivel estatal, en un total de doce provincias, mientras que el Programa Enlace, que fue pionero en Castilla y León y que está financiado por la Junta, nació en 1999 y comenzó a llevar a cabo acompañamientos a jóvenes un año más tarde, en el 2000.

Laurine, Aurora y Lidia de izquierda a derecha.

Aurora nos confiesa que la iniciativa surge con el fin de que “el voluntario esté al lado del menor para acompañarle en la vida” y también destaca la figura del tutor “que aborda desde otra dimensión el día a día de la persona tutelada”, quizás con una rigidez mayor de la que puede mostrar el voluntario.

“Queremos que este programa se extienda a toda Castilla y León y pueda llegar a todos los menores y jóvenes que están dentro del sistema de protección”, afirma la directora de Adsis en Valladolid que añade que 39-40 personas forman parte, en la provincia, del proyecto y que esta compañía “resulta vital” sobre todo “cuando llegan los momentos de dificultad”, como nos confiesan nuestras dos protagonistas, que son uña y carne, y que, sin embargo, se quedan con lo bueno.

Laurine, de Mulhouse a Valladolid con la cocina como sueño

Laurine, joven tutelado.

Con solo 17 años cumplirá 18 el próximo 8 de noviembre, Laurine es una joven francesa nacida en Mulhouse, una ciudad alsaciana en el este de Francia que llegó a España a los seis años por cuestiones de trabajo, en este caso de su padre. Desde entonces, ha pasado tres años en Barcelona, otros tres en Tarragona, uno en Madrid y lleva viviendo en Valladolid cinco años.

La gala se enteró de la existencia del Programa Enlace por la información que le proporcionó una compañera en un centro anterior en el que convivió con ella. Esta le dijo que “tenía una voluntaria con la que hacía cosas muy chulas” y que “acababa siendo una amiga para ella”.

Desde ese momento, el objetivo de esta joven tutelada pasó por “conseguir esa persona que le hiciera salir de la rutina” y de la que no se separaría después de que un 8 de noviembre de 2015 le incluyeran en la lista y en abril de 2016 le dijeran que habían encontrado a esa persona tan especial para ella como es Lidia.

Como afirma la berciana y voluntaria de Fundación Adsis, Laurine es una persona “trabajadora y constante” que  “desde los diez años sabía que quería trabajar dentro de una cocina” y que “gracias a su perseverancia lo ha acabado consiguiendo”, realizando varios cursos y apostando por el esfuerzo para conseguir su sueño.

Lidia, un corazón enorme y un marcado compromiso social

Lidia, voluntaria de Fundación Adsis.

Lidia nació en Ponferrada y, tras finalizar el bachillerato, realizó un Grado Superior de Deporte, con el fin de hacer, a posteriori, INEF. Sin embargo, unas prácticas en Asprona le sirvieron a esta mujer de 28 años para “descubrir su vocación” y para terminar estudiando Educación Especial y Pedagogía terapéutica “enlazando después varios voluntariados”.

“Siempre he tenido muchas inquietudes sociales. Es muy gratificante hacer un voluntariado porque acabas recibiendo mucho cariño. En el ámbito laboral en el que trabajaba ya lo hacía con gente con discapacidad y un compañero de trabajo me habló de Fundación Adsis y me lancé a ello”, nos cuenta esta solidaria joven de Ponferrada.

Lidia nos explica que hace tres años entró en el programa poniéndose en contacto con la institución, que “conoció a otros compañeros voluntarios”, también que realizó “formaciones” y que hace “dos primaveras se cruzó con Laurine” de la que no se ha separado hasta ahora.

“Lo que perseguía entrando en el voluntariado de Adsis era ocupar mi tiempo libre sabiendo que podía ayudar de forma desinteresada a alguien que necesitaba mi ayuda. Me gusta colaborar y al final te acabas implicando con todos los menores, no solo con Laurine”, nos confiesa la voluntaria.

Una amistad para toda la vida

Como todo en esta vida el primer encuentro entre Lidia y Laurine fue especial. Ambas estaban un poco nerviosas y, como Lidia nos relata, acudió “a la vivienda en la que estaba Laurine” para “simplemente dar un paseo” y buscar hobbies comunes. El primero de ellos fue la lectura.

Desde entonces, ambas “van de compras, al cine, a tomar algo” o simplemente “marchan al parque a contarse sus vidas y a comer una bolsa de pipas”, como asegura la voluntaria, mientras la joven tutelada se esmera en afirmar que “con el simple hecho de estar con Lidia se conforma” que la relación es tan cercana que “no es necesario hacer algo en concreto”.

“Lidia me aporta muchísimas cosas. Sé que va a estar siempre para ayudarme. Es una persona en la que puedo confiar y que me va a decir lo que estoy haciendo bien y lo que estoy haciendo mal. Es esa hermana mayor que toda hermana pequeña querría tener”, afirma contundente Laurine.

“Intento, más que nada, proporcionarle apoyo y confianza. Que ella vea en mí una persona en la que puede confiar, en la que se pueda apoyar y que me cuente lo que necesite. No ayudo a Laurine, le guío como haría con mi hermano pequeño”, sentencia Lidia.

Dos almas gemelas que quieren que el Programa Enlace de Fundación Adsis siga creciendo al mismo ritmo que lo hace una amistad, que nació hace dos años, y que parece no tener fin.

Para más información: www.fundacionadsis.org