Trabajador es el que trabaja

Trabajador es el que trabaja

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Una vez más los justos tienen que pagar por los pecadores. En este país dominado por la mentira, y la eterna huída hacia ninguna parte siempre tienen la culpa los trabajadores, palabra que engloba a todos los que hacen algo por sacar adelante a sus familias, desde el que gana más, al que gana menos. Para muchos aletrados, ignorantes o bocachanclas, trabajadores significa lo mismo que obreros. No es así. Trabajador es el que trabaja y cobra de forma legal además de cumplir con sus obligaciones tributarias.


Hasta la fecha en nuestra democracia parecía que la gran banca había tenido la última palabra por encima del poder político. La gran banca es, o era, en definitiva la que financiaba a los partidos políticos, y la mayor parte de las veces la que ponía y quitaba. Pero visto a lo que estamos asistiendo más parece que estamos ante una subasta de saldos mientras baila la cabra en el taburete y tocamos el acordeón. Saldos y rebajas que han sido posibles con el beneplácito de una clase política de bajo nivel, y de una sociedad que sigue adormecida o acobardada para que no le quiten lo poco que le queda.


Lo que realmente habría que hacer es una reforma estructural de la política y la gobernanza de España, de las leyes autonómicas, de las leyes que separan la unidad del país, de las del suelo, de las leyes que generan empresas, de las leyes que hacen referencia a la banca, y suprimir muchos tributos, entre ellos los que hacen referencia a lo que ya se ha pagado, como son las herencias, compras y ventas. Habría que anular o atenuar todas las leyes que paran la corriente monetaria y que empobrecen. El dinero siempre genera dinero, claro que para el que lo tiene, o trabaja.


En España la banca ha querido emular a ser la de Wall Street, y somos lo que somos. Cuando vamos a los USA nos damos cuenta de lo que realmente somos. Los ignorantes más ignorantes de Occidente, es decir, los más engañados. En los USA las cosas cuestan una tercera parte o menos, para sueldos iguales que aquí o superiores. Con una calidad de vida muy superior, y donde el mérito y el estudio tiene el primer puesto en la sociedad. Desde algunas de nuestras autoridades, últimamente, se nos guía, con facilidad, para que nos comparemos con los de la patera, y que pensemos que estamos mejor, mientras sus hijos estudian y viven en los USA en apartamentos comprados con dinero de aquí. Se nos guía desde una clase pseudointelectual ignorante, laíca y aletrada, para que miremos con malos ojos a los USA, mientras ellos van a Miami a sus fiestas y jolgorios progresistas y modernos. Lo peor es que también se nos guía para que veamos lo que está bien en lo que está mal.


En este país, lastrado por las reformas educativas que han bajado el nivel cultural a cotas del siglo XIX o mucho peores, en que la población es incapaz de ver ya más allá de su nariz, y que ha perdido cualquier capacidad de análisis de la información que recibe, es difícil que prosperemos. Nos han impuesto un nivel del que será difícil que alguién sobresalga.


Después de la ya casi total destrucción de la familia, pilar fundamental en el que el ser humano, el ciudadano, el trabajador encontraba amparo, consejo y verdad, y la destrucción de nuestras creencias religiosas católicas más profundas; las verdaderamente nuestras pues así ha sido, será, y es, mal que les pese algunos; España es, y sigue siendo la nación del mundo que más ha hecho y hace por defender a la Iglesia Católica en el tiempo y en el mundo. De no ser por España el mundo no sería como es. Ni siquiera existiría la civilización occidental grecorromana o judeocristiana. Sí, y mal que les pese a algunos, en España pensamos en Católico, porque lo somos generalmente, en una gran mayoría, todavía, desde el nacimiento, y también pensamos en católico dentro y en la propia familia donde podemos nutrirnos de experiencias sinceras anteriores; y es lo que nos salva de mucha basura intelectual e ingeniería social.


Los trabajadores están en el fondo hartos de trabajar para nada, para seguir en el marasmo. Para trabajar sin futuro. Para trabajar para pagar los recibos inmediatos y ver como se les arruga la frente delante del espejo cada mañana. Parece que nadie se da cuenta que tal como está la vida un casi mileurista en este país no tiene ya para dar de comer a una familia de verdad, ni un joven tiene espíritu para querer crear la suya. Nadie habla de los sueldos, ni verdaderamente de las pensiones del futuro, no sea que lo apedreen. Los mil euros ya no son mil euros de antes, pues ha sido mucha la inflación. Mil euros de ahora son como seiscientos de antes, o ni eso. El capazo de la compra, pues ahora nos han prohibido las bolsas sin explicaciones claras, cuesta mucho más de llenar aunque sea de las socorridas y perragorderas marcas blancas que nos envenenan lentamente.


Mientras asistimos a mil una quejas, de éstos y de los otros, siempre con la autorización de la autoridad competente. Pues la verdad sólo existe para los unos que lo tienen permitido, mientras a los otros se les silencia.


Los mensajes que nos llegan aceptados sobre las pensiones, los sueldos, los atrasos, los permisos, no son ya muy de fiar, y de momento no van más allá de las declaraciones. Así las cosas el trabajador, que es el que trabaja, que no el obrero que va detrás de una pancarta, se siente más esclavizado, peor pagado y con menos esperanzas. Lo que genera una violencia silenciosa, que se produce cuando no encontramos salidas ni justicia.