Plaza de la Libertad, el jardín de la Plaza Mayor

Plaza de la Libertad, el jardín de la Plaza Mayor

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En un mundo tan célere y alocado como el actual apenas sobreviven los recuerdos que van más allá de un lustro. Ésa es la barrera que marca la pervivencia de la información en internet, pero hay otra mucho más valiosa que aún se atesora en álbumes de fotos escondidos en recónditos cajones, esos que ya apenas casi se ven en familia, y sobre todo, una información guardada a fuego en la memoria de quienes vivieron cada momento. NOTICIASCYL tiene en marcha una serie dominical que repasa la evolución de los barrios de Salamanca.


Tras abordar todas las zonas más allá del casco histórico, sólo falta abordar el corazón de Salamanca, el entorno de su Plaza Mayor, pero son tantos los cambios que se han producido en algunas zonas que hasta final de año vamos a repasarlas de forma más exhaustiva. Hoy es el turno para la plaza de la Libertad, a escasos metros del ágora charra, fiel reflejo de la evolución de la sociedad de la capital del Tormes.


Esta plaza surgió a mediados del siglo XIX, cuando se amplió una calle entre Concejo y Cabrera (hoy Espoz y Mina), reconvirtiendo los huertos del convento de Carmelitas Descalzos cuyos vestigios se integran en la actual iglesia del Carmen de Arriba. Así, un espacio cerrado durante siglos se abrió a la ciudad y, en recuerdo de la expulsión de los invasores franceses durante la Guerra de la Independencia, fue denominado como plaza de la Libertad. Entonces era un solar con escasa vegetación donde incluso se celebraban corridas de toros, como así refleja la historia de Villar y Macías.



No es hasta 1868 cuando la plaza fue ajardinada por primera vez. En homenaje a la Batalla de Los Arapiles y la revolución de aquel año se colocó una columna dórica alegórica, pues en ella un león rompía las cadenas que atenazaban un escudo de España, una vez más aludiendo a la liberación del país. Pero los avatares de la sociedad terminaron por deteriorar esta columna, que fue derribada apenas quince años después.


En los albores del siglo XX, el espacio de la columna fue ocupado por un obelisco en homenaje a los estudiantes fallecidos durante una revuelta. Pero apenas duró tres décadas, hasta el estallido de la Guerra Civil. Eso sí, años antes, en 1921, la plaza fue reformada con el aspecto que mantiene en la actualidad. Entonces se instalaron los asientos canapé, de piedra con respaldo de hierro, que habían sido retirados de la Plaza Mayor, al mismo tiempo que en la vegetación pasaron a predominar palmeras y cipreses. Se transformaba entonces en el jardín junto al ágora charra por el que pasear, el nuevo espacio para entablar conversación las parejas, al igual que en la Plaza Mayor, caminando en sentido contrario a las agujas del reloj.


Tras la contienda bélica, esta plaza perdió su nombre original, pasando a denominarse plaza de Onésimo Redondo. Se instaló la actual fuente y una linotipia del periódico ‘El Adelanto’, ya desaparecida. Con el final del franquismo y el regreso de la democracia, recuperó el nombre de plaza de la Libertad en 1979, se peatonalizó y así se mantiene, sin cambios en su estructura y fisonomía, mientras otros espacios similares van renovándose durante los últimos años.