Cerro de San Vicente, el origen de la ciudad

Cerro de San Vicente, el origen de la ciudad

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Desde un enclave privilegiado, el Cerro de San Vicente contempla la ciudad mientras encierra los vestigios más antiguos de su historia. Uno de los altozanos más elevados del territorio, junto al Teso de las Catedrales y al Teso de San Cristóbal, es una zona que controla la Ruta de la Plata y su terreno es fértil para la siembra por la cercanía con el Tormes. Un lugar ideal para que se asentaran los primeros moradores de la ciudad en torno al año 700 antes de Cristo.


Es la fecha en la que está probado el primer asentamiento pero hay indicios de una ocupación anterior. Los arqueólogos que trabajan en el Cerro de San Viente han descubierto cerámicas descontextualizadas que pertenecen al cambio de milenio, incluso antes, en torno a los años 1000 y 1200 antes de Cristo, pero por el momento carecen de un estrato que certifique la presencia de población en la zona.


Las pruebas científicas que se manejan señalan que la primera ocupación efectiva de Salamanca se remonta, en efecto, a la primera Edad del Hierro. Una aldea que evoluciona con los llamados procesos de 'celtiberización' de los grupos del hierro, que luego forman parte de los grandes castros de la Cuenca del Duero. Eran gente sencilla, agricultores y ganaderos con rasgos culturales influenciados también por el sur a través de la Ruta de la Plata. Carlos Macarro, arqueólogo municipal, acompaña en su visita a los lectores de NOTICIASCYL para descubrir su secretos.



El cerro está distribuido en varios puntos de excavación arqueológica. Uno de ellos ya está tapado para favorecer la conservación de los elementos y los demás serán cubiertos en breve para continuar los trabajos. El fin último es su integración en el espacio proyectado a través de un Plan Director, que el Ayuntamiento ya ha presentado, y que permite combinar las excavaciones con un entorno natural para que los salmantinos y visitantes puedan pasear.


Bajo una gran estructura provisional se encuentra la zona más avanzada. Allí se distinguen cuatro viviendas en forma circular que demuestran el paso de las distintas generaciones. De hecho, estas construcciones están superpuestas unas sobre otras porque utilizaban el mismo espacio. Son casas con un banco interior a lo largo de la pared, una placa en el centro donde hacían el fuego y, en los momentos más avanzados, estaban dotadas con un vestíbulo orientado al sureste en contra de los vientos dominantes.


Además, en torno a los núcleos domésticos había construcciones auxiliares con carácter funcional que podían servir de almacenes, hornos y otros servicios. Entre las casas aparece un espacio de tránsito que sirve de calle central. “Hay una organización de los espacios que no es aleatoria, sino que tiene una distribución lógica y funcional desde una óptica urbana”, indica el arqueólogo.


Todo ello, ubicado ente la cuenca sedimentaria del Duero, muy adecuada para el cultivo del cereal, y el zócalo paleozoico a partir del Tormes, otro ecosistema que pertenece a lo que son el Campo Charro y la Dehesa que permite otro método productivo, como la explotación forestal o la ganadería de ovicápridos, vacuno, porcino y caballo. “La razón que explica su asentamiento durante tantos siglos es que habían alcanzado un dominio de la agricultura, con el barbecho y el abonado de campo, con el que alcanzaban el equilibrio en la fertilidad”, concluye.


La Salamanca desaparecida



Además del poblado que ha revelado la excavación arqueológica, hay otros hitos históricos que pueden comprenderse a partir del Cerro de San Vicente, la 'Salamanca desaparecida'. Durante la ocupación napoleónica, se convirtió en el fuerte principal de la ciudad. Los franceses estuvieron asentados varios meses en la zona y aún se conservan vestigios de baterías militares y cañones. “Queremos recuperar esos elementos para integrarlos en el tratamiento final del espacio”, explica Carlos Macarro.


El momento histórico intermedio es el convento de San Vicente. Según las fuentes históricas, en el cerro se instaló la primera comunidad monástica de la región. El convento fue uno de los grandes conjuntos monumentales de la ciudad. “Solo hay que ver los grabados históricos para comprobarlo. Era algo impresionante”, afirma. Sin embargo, su carácter estratégico "es lo que lo llevó a la ruina”. Los franceses tomaron el convento por la fuerza y la posterior conquista de Salamanca por las tropas aliadas a base de cañonazos "dejaron en la ruina toda esta parte de la ciudad”.


El centro de interpretación que ocupa el lugar se construyó en el año 2003 y es un éxito arquitectónico, según sus actuales ocupantes, por la sencillez con la que logra integrarse en el espacio patrimonial para cumplir sus funciones. Actualmente alberga una pequeña exposición de materiales arqueológicos, a la espera de la musealización definitiva. Reúne además vestigios del convento y conserva una parte de su suelo, que data del siglo XVI, en perfecto estado.


Mientras, el Cerro de San Vicente continúa siendo visitado de forma guiada por los salmantinos y turistas gracias a la promoción municipal. “Las perspectivas de futuro para el cerro son muy gratificantes porque nosotros no queremos esto quede para cuatro eruditos, queremos que sea para todo el mundo porque, en efecto, es de todo el mundo”, explica Carlos Macarro, el arqueólogo municipal, que destaca a su vez que Salamanca no es “lo de siempre” a nivel cultural, sino que puede ser algo más.