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Salamanca

Gran Vía, el inacabado enlace entre estación de ferrocarril y río

3 octubre, 2018 13:04

En un mundo tan célere y alocado como el actual apenas sobreviven los recuerdos que van más allá de un lustro. Ésa es la barrera que marca la pervivencia de la información en internet, pero hay otra mucho más valiosa que aún se atesora en álbumes de fotos escondidos en recónditos cajones, esos que ya apenas casi se ven en familia, y sobre todo, una información guardada a fuego en la memoria de quienes vivieron cada momento. NOTICIASCYL tiene en marcha una serie dominical que repasa la evolución de los barrios de Salamanca.

Tras abordar todas las zonas más allá del casco histórico, sólo falta abordar el corazón de Salamanca, el entorno de su Plaza Mayor, pero son tantos los cambios que se han producido en algunas zonas que hasta final de año vamos a repasarlas de forma más exhaustiva. Hoy es el turno para la Gran Vía, proyectada a comienzos del siglo XX por el ingeniero Gumersindo Canals, pero que no se hizo realidad de forma completa hasta seis décadas después. Su idea era establecer un eje de comunicaciones que atravesara la ciudad de norte a sur, desde la estación de ferrocarril hasta el hoy puente de Enrique Estevan, entonces en construcción. El problema eran todas las viviendas que había entre la plaza de España y el río, lo que suponía un enorme desembolso para las arcas municipales en expropiaciones.

Tales fueron las reticencias que no hasta los años cuarenta, concluida la Guerra Civil, no se inició la primera fase de la Gran Vía, entre el parque de La Alamedilla y la plaza de San Julián. Desaparecieron las calles en torno a la antigua cárcel y surgieron los grandes edificios con los cánones arquitectónicos que marcaba el franquismo, tomando como ejemplo el que fuera teatro Gran Vía. Así, se dotó a esta calle de relevancia institucional con las sedes de organismos oficiales en el perímetro de la hoy plaza de la Constitución (durante décadas plaza del Caudillo): Correos, Subdelegación del Gobierno, Audiencia Provincial de Justicia y antigua Casa de la Falange, después sede de la Junta de Castilla y León.

La siguiente fase de la Gran Vía se centró en el denominado ‘cruce de las cuatro calles’, lo que hoy es la calle San Justo. Desaparecieron todas las viviendas de las calles Pajaza y Cantaranas, mientras se iba despejando la avenida hasta el convento de los Dominicos. Surgieron así a mediados del siglo XX los edificios de la Casa Sindical de Salamanca, hoy sede de la Unión General de Trabajadores (UGT), Comisiones Obreras (CCOO) y la Confederación de Asociaciones de Empresarios Salmantinos (Confaes).

Establecida una gran avenida desde la plaza de España hasta la iglesia de San Esteban, era el momento de abordar el tramo final. Pero había un gran inconveniente: el puente de Domingo Soto que une el entorno monumental de los Dominicos con la plaza del Concilio de Trento. Ya al finalizar la Guerra Civil se propuso su demolición y hasta el arquitecto Víctor D’Ors diseñó uno nuevo con dos ojos, uno para cada sentido de la circulación de la Gran Vía, enterrando el Arroyo de Santo Domingo. Pero topó con la Iglesia, que puso en marcha toda su maquinaria para desterrar el proyecto y dejar el puente tal y como ha llegado hasta nuestros días.

La Gran Vía, por tanto, quedó inacabada, siendo fiel reflejo de la sociedad charra. Por sus piedras pasaron mercadillos, sus edificios albergaron el auge cultural, las reuniones que precedieron al conflicto bélicos y su posterior decadencia durante la postguerra, renacieron con la democracia y embellecieron con el mayor cuidado de una ciudad netamente turística. Al mismo tiempo, el no poder concluir el proyecto inicial es otra seña de identidad de la sociedad charra, con su eterno quiero y no puedo, ya sea por resignación o impedimento forzoso.