El pluriempleo como salvación

El pluriempleo como salvación

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Medio millón de personas, la población de Cantabria, seis veces más que los habitantes de Ceuta. Ese es el número de personas que, actualmente, tiene más de un empleo declarado en España, según los últimos datos de la Oficina Europea de Estadística (Eurostat). Solo representan el 2,4% del total de trabajadores, pero el porcentaje ha ido en aumento durante los últimos seis años. Un crecimiento que se ha producido de forma paralela al incremento del número de contratos temporales, tal y como reflejan los datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). Esta modalidad de relación laboral supuso el 90% del total de los más de 19 millones de contratos rubricados en España en 2017.


Junto a la temporalidad, las jornadas a tiempo parcial y la precariedad de los puestos de trabajos constituyen las principales razones del aumento del número de personas con más de un empleo. La estadística, lógicamente, solo tiene contabiliza los trabajos declarados.


Motivo por el que los expertos sospechan que el porcentaje real pude ser mucho mayor. Esa es la hipótesis de la doctoranda en Derecho Laboral y magistrada del Tribunal Superior de Justicia de Madrid de la Sala de lo Social Concepción Morales Vállez: "Debemos tener en cuenta que estas estadísticas hablan del número de personas con un segundo empleo declarado. En España hay mucho empleo sumergido y probablemente la tasa real sea muy superior por la gran cantidad de empleo temporal, a tiempo parcial y precario que existe".


Su argumento lo constata el propio Gobierno, que hace tan solo unos días cifró en más de 21 millones de euros las actuaciones contra el fraude laboral desde el 2012. El subsecretario de Empleo y Seguridad Social, Pedro Llorente, aseguró el pasado 19 de abril que, desde 2012, han aflorado 519.056 empleos irregulares y se han transformado en indefinidos 359.191 contratos indebidamente celebrados como temporales.


En este sentido, Vállez considera que existe "una relación muy clara" entre el aumento de los contratos temporales y el incremento del porcentaje de personas que tienen un segundo empleo en España. "Tenemos una elevada tasa de temporalidad y de contratación a tiempo parcial con salarios muy precarios que obligan a los trabajadores a tener dos, tres o cuatro empleos para llegar a fin de mes", sostiene Vállez en declaraciones a Europa Press.


A nivel europeo, España es uno de los países en el que existen menos personas con un segundo empleo. Ocupa el puesto número 24 de la lista. Un ranking que cierran la Antigua República Yugoslava, Rumanía, Hungría, Italia, Montenegro, Eslovaquia, Croacia y Bulgaria. Todas por debajo del 2%. En el extremo opuesto, con más de un 6%, se encuentran Finlandia, Suiza, Países Bajos, Dinamarca, Noruega, Suecia e Islandia, que en 2017 llegó a superar el 12%. Unos porcentajes que llaman la atención por tratarse de países con bajas tasas de desempleo y admirados en materia laboral.


"Aunque Eurostat englobe los datos de todos los países europeos, personalmente creo que la situación de España no se puede comprar con la de otros países porque las políticas de empleo y la legislación laboral son muy diferentes, aun cuando en el ámbito de la Unión Europea (UE) deberíamos tender a la armonización normativa", explica Vállez. "Son constantes las referencias a los países nórdicos cuando se habla de reformas legislativas, pero la mera trasposición de figuras jurídicas de los países nórdicos sin que exista un cambio cultural en este país, me temo que siempre estará abocada al fracaso", asevera.


La magistrada considera que la transformación cultural a la que apela exige también "un cambio en la mentalidad de los empresarios que son, en definitiva, los que fomentan o toleran la existencia de unas inadmisibles tasas de empleo sumergido y de fraude laboral que afectan al mercado de trabajo y al sistema de Seguridad Social". Características que, precisa, diferencian a España del resto de la UE: "Nos hacen diferentes, y que creo que esta situación debe ser firme y ejemplarmente combatida por los órganos de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social, con el debido apoyo material del Ministerio competente", sentencia. Una solución que también propone Gonzalo Pino, secretario de política sindical de UGT: "Es un planteamiento que llevamos años haciendo al Gobierno. Son ellos quienes tienen las herramientas para poner fin al fraude laboral. También para reducir las elevadísimas cifras de contratos temporales, como se reclama desde todos los foros europeos".


No se trata de renegar de las comparaciones con los países nórdicos, aclara Vállez. "Nos pueden y nos deben servir de inspiración, pero siempre deberemos adaptarlas a las características propias de nuestra idiosincrasia cultural". Para Pino estas características se resumen en tres: "Una temporalidad escandalosa, una gran eventualidad y una disponibilidad horaria total". Precisamente este último factor es una de las explicaciones que añade el secretario de política sindical de UGT para explicar los bajos porcentajes de pluriempleo declarados en España. "Las empresas llaman a los empleados para trabajar unas horas con muy poco tiempo de antelación. Tienen que estar siempre disponibles. No hay espacio para un segundo empleo".


LOS AÑOS ÁLGIDOS DE LA CRISIS ECONÓMICA, LOS PEORES


Eurostat inició las estadísticas de personas con más de un empleo en el año 1998. En el caso de España, desde finales de los 90 y hasta bien entrados los 2000, el número de hombres con un segundo empleo duplicaba al de las mujeres. Sin embargo, a partir del 2003 las cifras empezaron a equilibrarse por géneros y desde el año 2013 las mujeres superan en números absolutos a los hombres a pesar de tener unas tasas de desempleo mayores. Actualmente hay 223.050 hombres con más de un empleo y 224.575 mujeres. Representan, respectivamente, el 2,4% y el 2,6% de las personas trabajadoras en España.


Los peores años, para ambos sexos, coincidieron con la crisis económica. Entre el 2005 y el 2010, España registró los máximos valores absolutos de personas con un segundo empleo. Sin embargo, relativizando los datos con la población trabajadora por sexos, las estadísticas desvelan que fueron las mujeres las que se llevaron la peor parte: mientras los hombres alcanzaron, como máximo, el 2,4%; ellas siempre superaron este porcentaje y llegaron a representar hasta el 3%.


Al iniciarse el 2011, se produjo un leve descenso; pero los datos volvieron a experimentar un repunte que ha continuado hasta el 2017, el último del que Eurostat ofrece datos oficiales. Paralelamente se ha producido un aumento de los contratos temporales en sus variedades de obra y servicio, eventual por circunstancias de la producción e interinidad.


¿CÓMO SON LAS PERSONAS QUE TIENEN MÁS DE UN EMPLEO?


El perfil tipo de personas con un segundo empleo son mujeres y hombres con estudios superiores. Estas características las presentan el 60% de los trabajadores y el 56% de las trabajadoras que perciben ingresos por desempeñar más de un oficio.


La principal diferencia por sexos estriba en que las mujeres superan a los hombres en los niveles educativos más bajos. El 24% de las trabajadoras que tiene un segundo empleo solo ha finalizado la educación básica, frente al 22% de los trabajadores. Dentro del grupo femenino, el 20% ha cursado estudios de bachiller o grados medios; mientras en el masculino representan el 17%. Esta mayor presencia femenina desaparece entre quienes tiene estudios universitarios. En este caso, entre ellos representan el 60% y entre ellas el 56%.


También existen diferencias por sexos en los tipos de empleos desempeñados. La mayoría, tanto en el caso de los hombres como de las mujeres, predominan los que son asalariados en todos sus empleos. Sin embargo, en el caso de las mujeres el porcentaje es muchísimo más alto: el 84% frente al 68% de los hombres. Además, la proporción entre asalariadas y autónomas se ha mantenido históricamente 80 a 20 salvo en los años de la crisis económica. Entre el 2005 y el 2011 el número de mujeres que eran asalariadas tanto en su empleo principal como en el secundario llegaron a alcanzar el 90%.


Laura Encinas es fisioterapeuta en un hospital privado y en una residencia de ancianos. Ha llegado a compatibilizar hasta tres empleos.


Es el caso de Laura Encinas. Tiene 27 años y es diplomada en Fisioterapia. Ejerce su profesión, por la que siente “devoción”, en dos puestos de trabajo por cuenta ajena desde hace dos años. Uno de ellos en una residencia de ancianos a la que acude cada mañana durante una hora. El otro es un hospital privado, donde atiende a los pacientes cada tarde entre las 15.00 y las 21.00 horas. Este es su empleo principal, pero ni los ingresos que percibe le dan una estabilidad económica ni el tipo de contrato (final de obra) le garantiza una estabilidad laboral.
“Cuando acabé la carrera nunca pensé encontrarme en esta situación de pluriempleada. Sabía que era complicado encontrar una jornada completa pero no pensé que todo sería tan caótico”. Hace unos años aún lo fue más, pues llegó a tener un empleo extra en otra residencia de ancianos. “Pero el cuerpo dijo basta y tuve que parar”, recuerda. Su proyecto, a medio plazo, es poder tener un único trabajo. “Ahora tengo 27 años y me lo puedo permitir, pero en el futuro, con más edad o si decido formar una familia, sería imposible”.


Como lo es tener tiempo libre, que cifra en una hora y media al día. La ausencia de tiempo de ocio no es el único problema. También la temida declaración de la renta. “Al tener más de un pagador, muchos años me ha tocado desembolsar mucho dinero. No es justo. Si cobrase 3.000 euros al mes, lo entendería. Pero no es el caso”, lamenta, mientras camina hacia casa después de salir de la residencia para comer rápidamente e iniciar la jornada de tarde en el hospital.


Lucía trabaja 6 horas diarias en un hotel como camarera de piso y realiza trabajo doméstico 12 horas a la semana en tres casas.


También a medio camino se encuentra Lucía (nombre ficticio). Es una de las Kellys de Madrid y su voz se escucha entrecortada al otro lado del teléfono en función de la cobertura de la parada del metro que va atravesando en su viaje. Acaba de salir de una de las tres viviendas en las que realiza trabajo doméstico una vez a la semana durante cuatro horas en cada una de ellas. “Casi no tengo casa, hay días que salgo a las 7 de la mañana y vuelvo a las 12 de la noche. El día que me puedo echar una siesta es un buen día”, dice, y su frase retumba con más fuerza que el traqueteo del vagón. Se escucha el pitido de la apertura de puertas y se apea en la estación más cercana al hotel de 5 estrellas donde trabaja, siempre en turno de tarde, como camarera de zonas por 900 euros brutos al mes. Con ese salario viven mensualmente ella, su marido (en paro) y sus dos hijas mayores de edad que aún viven en el domicilio familiar. “Lo hago por necesidad, para llegar a fin de mes. Si pudiese lo dejaría”. Tiene 53 años y asegura que cada cumpleaños pasa factura: “Siempre me duelen los brazos, las manos, estoy cansada… Esto no es calidad de vida”, sentencia. Pero asegura que no pierde la esperanza de que “todo esto cambie algún día”.


Lucía, que finalizó sus estudios en 8ª de EGB, representa a la perfección el perfil mayoritario de mujeres con un segundo empleo que ha predominado en España desde el inicio de las estadísticas en el 1998 hasta el año 2012. Momento en el que se cambiaron las tornas y comenzaron a destacar, como lo hacen hoy en día, las que tienen estudios superiores.
Paco Miguel es diplomado social. Ahora trabaja como profesor de cocina en dos escuelas y como actor profesional.


En el caso de los hombres, la tendencia se invierte en el 2005. Hasta ese año, la mayoría tenía una educación básica; pero una vez superado el primer lustro del siglo XXI, comienzan a predominar los que han cursado estudios superiores. Como Paco Miguel.


A sus 43 años se ha reinventado tantas veces como se lo ha exigido el mercado, ha trabajado en el extranjero y ha sufrido en sus propias carnes la tan valorada disponibilidad horaria en el sector de la hostelería. Tiene un título universitario como Graduado Social (actualmente denominado Relaciones Laborales) y cuando la crisis se llevó por delante la empresa en la que trabajaba, realizó un ciclo formativo superior de Dirección de Alta Cocina que le abrió las puertas de un nuevo sector.


“Actualmente soy profesor de cocina en dos empresas (en una a jornada completa y en otra parcial) durante los meses que dura el curso escolar y actor profesional de teatro de forma ocasional. Hasta la semana pasada también era cocinero en un restaurante. Todo por cuenta ajena”. Su jornada, habitualmente, arranca a las 07.00 horas y finaliza a las 21.30 horas; su sueldo principal ronda los 800 euros mensuales; y su objetivo: “Que alguno de los empleos no sea esporádico y se convierta en el principal”. Una meta que nunca pensó que se marcaría a estas alturas de su vida. “Yo creía que me iba a jubilar en la empresa en la que comencé a trabajar, como siempre nos habían contado que era lo habitual”. Hoy, en cambio, eso es una excepción. Como su tiempo libre. “Si la calidad de vida se mide en tiempo libre, no tengo calidad de vida. Y midiéndolo, en otros términos, creo que tampoco”, claudica.


¿A QUÉ SE DEDICAN LAS PERSONAS CON MÁS DE UN EMPLEO EN SU TRABAJO PRINCIPAL?


Las estadísticas de Eurostat ofrecen muy poca información sobre los tipos de empleos principales que tienen las personas con más de un trabajo al establecer unas clasificaciones muy genéricas en relación a la diversidad de categorías laborales que existen. Esto provoca que la mayoría se englobe en un apartado denominado “profesionales” tanto en el caso de los hombres (37%) como de las mujeres (34%).


Sin embargo, en la siguiente categoría mayoritaria, sí hay división por sexos: los hombres predominan en los trabajos de “servicio y ventas” y en “ocupaciones técnicas”. En ambos casos representan el 12% de la ocupación principal de los varones con más de un empleo. En el caso de las mujeres, un 24% desarrolla su empleo principal en “ocupaciones elementales” y un 22% en el área de servicios y ventas.


Una diferencia que llama la atención a María Pazos. Ellas es la jefa de Estudios de Investigación en el Instituto de Estudios Fiscales, dependiente del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, y ha realizado numerosos trabajos sobre la igualdad de género. Considera que estas diferencias se sustentan en lo que ya se puede catalogar como un axioma: "Los emplreos de las mujeres son mucho más precarios. Sufren más la temporalidad y tienen más contratos parciales".


En este sentido, cita la Encuesta de Población Activa (EPA), en la que se determinan las causas por las que lasm ujeres tienen más contratos temporales. La principal es la imposibilidad de encontrar una jornada completa. Motivo por el que, considera, tienden a tener más empleos simultáneos que los hombres. Y la mayoría (8 de cada 10) como asalariadas en todos los trabajos que compatibilizan.