El Cristo Yacente consigue mayor recogimiento evitando la Plaza Mayor

El Cristo Yacente consigue mayor recogimiento evitando la Plaza Mayor

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Cuando la imagen de Jesús Flagelado regresaba a la Clerecía, en la plaza de Anaya saliendo de la Catedral Nueva comenzaba la segunda procesión de la noche, ya en Jueves Santo, correspondiente a la Real Cofradía Penitencial del Santísimo Cristo Yacente de la Misericordia y de la Agonía Redentora.


Los cofrades van ataviados con túnica blanca, fajín y caída roja, capirote de 90 centímetros, en blanco y ribeteado en rojo, con el emblema de la cofradía en el pecho. Se completa con zapatillas de esparto blancas y la medalla de la Cofradía. Previamente a la medianoche, la profesora de piano Celia Camarero recitó unos versos al Cristo de la Agonía Redentora antes de que el alcalde y el obispo tomaran promesa de silencio a la ciudad y a los cofrades. Silencio que Alfonso Fernández Mañueco pidió en recuerdo de las víctimas de la violencia de género, sobre todo de los niños asesinados en Getafe y el pequeño Gabriel. Y silencio el reclamado por Carlos López tras abordar la importancia de la fe.


El Desfile Penitencial se inicia con un nazareno, portando dos campanas convocando a silencio a los asistentes. Seguido del resto de ornamentos, cofrades y pasos. Cabe destacar un gran incensario portado a hombros de cofrades, una Cruz de Penitencia (antigua del Cristo de la Agonía) portada por uno de los hermanos, y las dos imágenes titulares portadas a hombros.


El primero en salir fue el Santísimo Cristo de la Agonía Redentora, un crucificado anónimo del siglo XVI, atribuido a Juan de Balmaseda debido a las similitudes con el Cristo de la Misericordia, custodiado en la iglesia de Nuestra Señora de la Calle de Palencia. Impresiona su fuerte expresividad y patetismo. Aparece ya muerto y traspasado por la lanza con los ojos y la boca entreabiertos.


Presenta la particularidad de no tener barba. La cabellera postiza y el paño de pureza son añadidos posteriores. Es la imagen más antigua que procesiona en la Semana Santa salmantina y procede del Convento de las Isabeles, de donde salió a escondidas la noche del Miércoles Santo de 1836 con destino a la Catedral para salvarse de una posible ruina o pillaje ante el proceso de Desamortización de Mendizábal, que obligó a las religiosas a abandonar el convento.



Esta imagen precede al Santísimo Cristo Yacente de la Misericordia, obra de Enrique Orejudo en 1991, tallada en madera de abedul a la usanza castellana. En su momento llamó la atención por su corpulencia. Ha sido restaurada en 2008 por su autor, aclarando la policromía, anteriormente demasiado oscura, y procediendo a su vaciado interior para rebajar su excesivo peso. Recibe culto en la llamada Capilla de la Virgen de Morales de la Catedral Nueva de Salamanca.


Sus andas procesionales están realizadas en madera de abedul, oscurecidas en color nogal, y datan del año 1992, cuyo autor es Agustín Cruz. Las cantoneras de los banzos son en bronce plateado, hachones toreados de madera con adornos en alpaca plateada realizado por Orfebrería Orovio de la Torre y guardabrisas con porta velas realizados por el mismo orfebre, y faldones en terciopelo rojo.


Historia de la cofradía


Como explica la Junta de Semana Santa de Salamanca, esta cofradía se funda el 5 de mayo de 1984, fecha del acta fundacional, con la finalidad de dotar a la Pasión charra de un Cristo Yacente. Con este fin, empieza la breve pero intensa historia de esta agrupación.


Se buscaron multitud de ideas para financiarlo, desde ayudas públicas hasta la cuestación popular, resultando infructuosas todas ellas. Al final se decidió poner en marcha la Cofradía, buscando una imagen que sirviese de enlace para la realización del anhelado Cristo Yacente. Se pensó en un Crucificado situado en el Crucero Norte de la Catedral Nueva de Salamanca, el Cristo de la Agonía Redentora. Posteriormente se retomó el proyecto de Cristo Yacente encargándole ya por fin la imagen a Venancio Blanco, para así poder desfilar con ella en la Semana Santa de 1989, pero fue rechazada por la cofradía y una serie de desavenencias con el escultor dieron al traste con la entrega de la imagen. Finalmente se acepta la talla realizada por el imaginero salmantino Enrique Orejudo Alonso.


En años posteriores esta Real Cofradía se ha ido consolidando, enriqueciendo su patrimonio sin renunciar a sus señas de identidad que no son otras que seriedad, austeridad y recogimiento, aumentando el número de cofrades hasta superar el medio millar.