Echando el cierre

Echando el cierre

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El pasado martes, antes de entrar seguir el Pleno de las Cortes como cada martes tras quince días de parón, me volvió a inundar ese sentimiento de dolor, de pena, esa empatía ante unos trabajadores, los de Isowat Made, que se concentraban ante el edificio del Parlamento Regional para pedir que se pare el cierre de una planta emblemática en Medina del Campo.


Más de cien trabajadores se quedarán en paro en el municipio medinense después de años y años de trabajo tras ese Expediente de extinción de contratos que la compañía puso sobre la mesa la semana pasada.


Lo triste de todo esto es que en los últimos días, la noticia del cierre de Made no ha sido la única mala relacionada con el empleo y el cierre de empresas que nuestra Comunidad ha tenido que soportar con el de Siemens Gamesa, liderando la terna.


La empresa comunicó a finales de enero que iniciaría un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) en la planta de producción de palas de Miranda de Ebro, en Burgos, que dejaría en la calle a 133 empleados, lo que es la totalidad de la plantilla.


Esta semana hemos conocido, ampliando la sangría de empresas que echan el cierre o presentan ERE a pesar de tener beneficios, que Selecta, un claro ejemplo de ello, podría acabar con el empleo de 300 trabajadores de los 1.100 que suma en España, a pesar de eso, de crecer y crecer y crecer.


No empieza ni mucho menos bien para el empleo este 2018 y la situación me hace recordar la vivida hace menos de dos años con la caída de Printolid, de Lauki, Dulciora y Sada en lo que fue un año lleno de protestas y de manifestaciones por las calles de la capital del Pisuerga que sirvieron para muy poco.


Acumulamos ya diez años desde el comienzo de la crisis, allá por el año 2008, y la cosa no mejora.  Las empresas siguen cerrando, no hay más que darse un paseo por las calles de la capital del Pisuerga para comprobar como negocios contratados se resumen ahora en un cartel que reza “se alquila”.


Los trabajos, cada vez más precarios, algunos resumidos en contratos por horas, no dejan hacer una vida a aquel que tiene que subsistir con 600 euros mensuales y los que lo buscan, si son mayores de 50 años, saben que lo harán sin éxito en un mercado laboral que se ha comido a estas personas que se acaban sintiendo inútiles.


Más preocupante resulta aún, y perdónenme si resulto repetitivo, la situación de los jóvenes. Quizás sean la generación más preparada y cualificada de la historia de España y se tienen que ver obligados a abandonar nuestro país en busca de unos sueños que en ocasiones se quedan en la cocina de un McDonalds en Londres.


Volvamos a gritar a los cuatro vientos para que los políticos escuchen, salgan a la calle y palpen un panorama que resulta desolador en la calle y que no mejora con el paso del tiempo. El cierre, o la amenaza del mismo, de estas tres últimas empresas que tocan la corneta a base de EREs dejan claro que la cosa no tiene perspectivas de ir a mejor.