Susto y Miedo

Susto y Miedo

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Miedo. No puedo evitar siempre que escucho esta palabra el acordarme de la canción, preciosa y tremenda de M-Clan. Ese miedo a que me tengas miedo, de quererte sin quererlo, de no verte nunca más. Pero estas líneas no van por ahí, ni mucho menos. Dejemos el sentimentalismo a un lado y centrémonos en el tema.


Miedo a un lado, luego volveremos a ello, la palabra de la semana ha sido susto. El pasado martes por la noche, Julia, una mujer de 49 años, era expulsada de una charla comercial en un hotel de Motilla del Palancar, en la provincia de Cuenca, por tener Síndrome de Down y por “poder asustar a la gente”, como ha contado una de las dos hermanas de la afectada, Ascensión Leal, reproduciendo las palabras de la empresa organizadora del acto.


Según la versión de la hermana, en declaraciones recogidas por la Agencia EFE, el comercial le invitó a abandonar el local donde se iba a desarrollar una charla porque Julia “podía molestar a los asistentes” negándoles incluso “una silla para sentarse”, ante lo que las tres hermanas, junto a más gente, abandonaron el acto indignadas.


Ante estos graves hechos, como es lógico, Ascensión Leal afirmó la intención de denunciar el caso pese a que el gerente de la empresa llegó a llamar horas más tarde a la afectada para pedirle perdón y disculpas ante el revuelo que se había creado a través de las redes sociales que clamaban contra la empresa y defendían a Julia, cuya imagen llorando ha dado la vuelta a lo largo de toda la geografía española.


Susto es, según la definición dada por la Real Academia Española de la Lengua, “La impresión repentina causada por miedo, espanto o pavor”, impresiones estas, todas ellas, negativas, que esta persona cargó a Julia por el mero hecho de tener el Síndrome de Down.


Miedo. Miedo es lo que me produce que en pleno Siglo XXI sigamos presenciando hechos como estos, y muchos otros que no llegan a salir en los medios de comunicación, por pánico la mayoría de las veces de, incluso, las que son víctimas de estos ataques xenófobos o racistas, cargando con ellos en silencio.


Susto me da y miedo siento de pasear cerca de un colegio y presenciar como varios niños blancos se ríen, con apenas nueve años, del compañero de color, inconscientemente (quiero pensar y creer) ante una sociedad que tiene aún mucho que evolucionar y que va, en muchos aspectos, hacía atrás como el cangrejo.


Situaciones como la acontecida en Motilla del Palancar no ayudan para nada a educar a los más pequeños cuando pueden presenciar como una empresa es capaz de expulsar de un acto a una persona con Síndrome de Down.


Reflexionemos y valoremos. Pensemos y bajemos nuestros egos para saber que no hay nadie por encima de nadie y que nadie está por debajo por el hecho de tener un problema como en este caso. Señalemos y sancionemos estas acciones en las que se atenta contra el honor de alguien que solo quería ir a escuchar y ver para que no vuelvan a producirse.