Macedo de Cavaleiros invita al genuino Carnaval de Podence

Macedo de Cavaleiros invita al genuino Carnaval de Podence

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Podence, freguesía de Macedo de Cavaleiros, vivirá del 11 al 13 de febrero su particular y único 'Entrudo Chocalheiro' - Carnaval de Cencerros-, un evento cultural y etnográfico considerado fiel a sus orígenes, donde todos los años los caretos salen a la calle recordando su origen, manteniendo todos los ritos paganos y celebrándose de manera tradicionalo, con el objetivo de atraer turistas a la región, pero fundamentalmente para mostrar y mantener las raíces místicas que legaron los antepasados.


Además, en esta ocasión, el presidente de la Câmara Municipal de Macedo de Cavaleiros, Benjamin Rodrigues, junto al presidente del Consejo de Administración de la Empresa Nacional - Casa de la Moneda, Gonçalo9 Caseiro, el presidente de la Junta de Freguesía de Podence, João Alves, y el presidente de la Asociación Grupo de Caretos de Podence, António Carneiro, presentarán la Moneda Caretos de Trás-os-Montes, el domingo, 11 de febrero, en la Casa del Careto de Podence.


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Porque este Entrudo Chocalheiro de Podence también tiene su otra vertiente. Quizás, vistos otros rituales, sea el más visitado, atractivo, aceptado e interactivo de todas las mascaradas. Tiene esa vertiente de fiesta y feria. Es la taberna que solo abre para los días de Entrudo –de viernes a martes-. Son las casetas y stands que dan aires feriales. Es el ir y venir, el trajín de un gentío que va en aumento.


La sucesión de chocalhadas, de un lado y otro de la calle, en lo bajo y en lo alto de la rua principal de Podence, donde se celebra el Entrudo –con principio y final en la Casa del Careto- donde se yerguen majestuosas y altaneras las figuras del Padre Fontes de Montalegre y el Diablo- es constante. Es el juego casi erótico en que los cencerros son batidos con un meneo especial de cadera, que baten contra las piernas o las caderas de las rapazas. Unas ríen, pero otras se agitan asustadas al ser sorprendidas por ese juego de sonido y destreza.


Unos cincuenta caretos rememoran y continúan con la tradición más ancestral del rito aceptado por la comunidad, en esa convivencia que antes se fundamentaba en los rapaces y hombres solteros, que ‘iban’ a por las rapazas y también las solteras en edad, en ese contacto que, antaño, en la vida real del día a día en una aldea tansmontana, parecía casi un sacrilegio ante la sociedad y la iglesia.


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