¿Qué le pasa a los pájaros?

¿Qué le pasa a los pájaros?

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Desde la pasada Navidad, una plaga de 30.000 estorninos tiene en jaque a los vecinos de La Fuente de San Esteban, municipio del Campo Charro a unos sesenta kilómetros de Salamanca. En la otra punta de la provincia, en las urbanizaciones El Encinar y Los Cisnes de Terradillos, a unos quince kilómetros de la capital, son cientos las palomas que anidan en los edificios. ¿Qué le pasa a los pájaros? ¿Está afectando el cambio climático a las costumbres de estas aves, que ahora se concentran en forma de plaga en nuevos lugares? ¿O se trata de un fenómeno habitual que ahora se difunde más por la globalización de las nuevas tecnologías, pues todo el mundo tiene un teléfono móvil, y la viralización a través de las redes sociales? La respuesta es sencilla: simple supervivencia.


Gonzalo Criado, coordinador en Salamanca de la Sociedad Española de Ornitología (SEO), explica que tanto los estorninos como las palomas no son especies de aves a las que les afecte especialmente el cambio climático, como sí está ocurriendo con otras aves migratorias que alargan su estancia en determinados lugares y cambian las temporadas de ruta. O con el ritmo de vida de aves domésticas, por ejemplo los canarios “están desorientados, hay hembras que ya están poniendo huevos cuando no lo hacían hasta marzo, porque se guían por periodos de luz, y como un día hace muy bueno, otro muy malo, con tantos cambios bruscos”, explica Felipe Domínguez, presidente de la Asociación Cultural Deportiva Ornitológica Charra.


En el caso de los estorninos, hay más en invierno porque bajan del norte de Europa y se juntan con la variedad de la especie ya de por sí única en España. El estornino negro se concentra al anochecer, cuando ha vuelto de comer del campo, y al amanecer, cuando debe partir en busca de su supervivencia. Y lo hace de forma masiva por simple seguridad, para evitar ser cazado por aves rapaces. En La Fuente de San Esteban habrá encontrado un campo con abundante comida, lo que unido a la comodidad de algunos inmuebles ha propiciado su concentración.


Y es que hay muchos pueblos donde múltiples viviendas están abandonadas o sin habitar, por lo que se convierten en un cobijo de tranquilidad para las aves. Si a ellos se une que se están espantando de la ciudad y localidades del alfoz, en cuanto encuentran un campo con provisiones allí permanecen hasta que agoten existencias y busquen otro refugio. Y es que en la ciudad los estorninos se concentraban junto a la Catedral, pero han huido por la presencia de aves rapaces, también en los parques, pero se han reformado con árboles de hoja caduca o se han acometido importantes podas, e incluso se posaban en lo alto de edificios del centro de la ciudad, ahora repletos de pinchos.


Así ocurre también con la paloma, que busca lugares con mucha comida para instalarse. Su expansión es rápida porque enseguida nidifican y el pichón de paloma ya puede reproducirse a los cinco meses, con un boom de crías. En Terradillos habrán encontrado comodidad, como ocurre al contrario con la paloma torcaz, que era más visible en el campo y ahora es más frecuente en la ciudad, sobre todo en parques como La Alamedilla. “Las aves se guían por el instinto, y como ha llovido la tierra está blanda, se ha arado y habrá determinados campos con muchas semillas”, añade Felipe Domínguez.


“Las aves se adaptan al entorno en busca de comida”, resume Gonzalo Criado. Así, por ejemplo, en invierno es frecuente ver gaviotas en los vertederos de Salamanca, hasta seis mil y siete mil se llegaban a concentrar en el antiguo basurero de la capital ubicado en Villamayor de Armuña, cuando la imagen que tenemos de la gaviota es la de un ave en la costa. En Salamanca encontraban abundante comida y campaban a sus anchas.