Crónicas gastronómicas y de cumpleaños

Crónicas gastronómicas y de cumpleaños

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Y volvimos un año más al regazo de nuestro amigo César Lomas; un leonés afincado en Pucela que empezó vendiendo golosinas al rebufo de su hermano Elicio y ahora, tras casi cuarenta años de servicio, no encuentra la forma de jubilarse y sigue pegando la hebra con sus clientes y amigos desde el Argales 2 y, de reciente adquisición, el Rte. Pirita, en pleno corazón del Polígono San Cristóbal.


Lomas es un tipo agradable, siempre con la sonrisa a flor de piel. Y luchador desde muy joven. En Valladolid logró abrirse camino en la hostelería de forma triunfal, pero además siempre se prestó a la llamada de los amigos para cumplir con fines sociales, deportivos o humanitarios. A saber: directivo del Real Valladolid, del Club Balonmano Valladolid y presidente del Club Deportivo Laguna.


En temas sociales y humanitarios viaja anualmente a tierras saharauis para llevar víveres, medicinas o vehículos a aquellas gentes desamparadas. De allí, y con la cultura saharaui, llegó hace años Admán, un atlético y moreno hombretón que encontró acomodo en la familia y ha desarrollado su infancia y juventud en los restaurantes de Lomas, por lo que tiene el oficio aprendido.


Pues bien, César convocó a dos docenas de amigos y clientes para celebrar su 68 cumpleaños. Es un rito anual que no debe ni puede perderse uno porque, entre otras cosas, sirve para degustar buenos y variados platos y excelentes caldos, charlar con los amigos y conocidos…y echar un mus. Eso es sagrado, aunque te ganen. Verdad Félix and Gerardo!!


Con una calcotada iniciamos el menú, (ya saben: cebollas especiales asadas y untadas con salsa romescu). A continuación degustamos unas mollejas de lechazo en salsa que supieron a gloria. Luego llegaron varios platos al centro con trozos de cabeza asada de cerdo, delicioso el punto de crujiente. Y de verde, a modo de ensalada, una “moruja”, aunque por aquí se le llama “maruja”, exquisita aunque carísima, dixit el anfitrión.


Fruta del tiempo y con los cafés unas cañas zamoranas de crema que quitaban el sentido (obsequio del abuelo Angel). Tinto ribereño y rosado cigaleño con acopio. Y luego el referido mus con el que hago chitón. Ya me entienden…


Eso sí, el gin tonic de lujo. Volví alegre, aunque espoleado, en el bus 19 con la mar de tranquilidad. El final de la noche de tristeza porque a mi Pucela le metieron cuatro roscos como cuatro soles en el oscense campo de “El Alcoraz”. Tela. Y me dije pues voy a escribir del Lomas.


Felicidades amigo César.