El encanto mozárabe de una bella iglesia de la provincia vallisoletana

El encanto mozárabe de una bella iglesia de la provincia vallisoletana

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Pasando Torrelobatón y un pueblo muy de moda en los últimos meses como es Barruelo del Valle por contar con un alcalde de Vox, en pleno apogeo tras las elecciones andaluzas, llegamos hasta San Cebrián de Mazote, municipio ubicado a unos 40 kilómetros al oeste de Valladolid con apenas 140 habitantes.


Al entrar al municipio y atravesando una bajada pronunciada mientras observamos el Río Bajoz, que baña la localidad, nos encontramos con una auténtica joya del patrimonio de nuestra provincia como es la Iglesia de San Cipriano, una construcción de estilo mozárabe construida a mediados del siglo X, con mucha historia y que guarda muchos secretos en su interior.


Un poco de historia


Es como si San Cebrián de Mazote se hubiera detenido en el tiempo. Como si este pequeñito municipio de la provincia pucelana se hubiera subido a ese siglo X para no bajarse, bebiendo del estilo mozárabe más claro con el repicar de las campanas de una iglesia, la de San Cipriano, que atesora mucha y buena historia.


Un grupo de sacerdotes cordobeses se estableció a mediados del siglo X, cuando peor lo pasaban los cristianos en el territorio musulmán de Al-Andalus, en un territorio conocido como Monzoute, a aproximadamente 40 kilómetros de la capital para levantar sobre el viejo templo visigodo que existía una iglesia mozárabe, con planta basilical, y multitud de bellos detalles.


Monzoute es lo que hoy en día conocemos como San Cebrián de Mazote y el interior de la Iglesia de San Cipriano refleja a la perfección y como no lo hace ningún otro monumento de esta índole en la provincia este estilo que fue muy trabajado por los cristianos que vivían en territorios dominados por el Islam. Una joya para disfrutar.



Una joya mozárabe


Esta iglesia carece de datos ciertos sobre su origen pero por el perímetro de la planta parece ser que sobre una iglesia central de estilo visigodo en el siglo VII se reconstruye una estructura basilical prerrománica en el siglo X con aportaciones mozárabes que acabarían por formar lo que se puede disfrutar en la actualidad.


Además, por un documento fechado en el año 952 d.C en el monasterio de San Martín de Castañeda (Zamora), se sabe que algunos sacerdotes que allí se encontraban habían estado anteriormente en San Cebrián. Posteriormente Almanzor hostigaría esas tierras pero la iglesia nunca llegó a ser hallada por las hordas del gran caudillo del Califato de Córdoba.


Está compuesta por tres naves. La central es más ancha y alta que las laterales y está separada por columnas que soportan unos arcos de herradura de gran valor. Cuenta además con un artesonado mudéjar policromado de madera, un cimborrio en el crucero, un ábside en cabecera y un contraábside en los pies. Un lujo para la vista y una joya para ser disfrutada.


San Cipriano y San Cebrián


El interior de la iglesia guarda ni más ni menos que una Piedad del siglo XIV y una Asunción de alabastro del Inocencio Berruguete lo que le convierten en una joya arquitectónica única en la provincia vallisoletana.


El nombre de la iglesia, San Cipriano, y el del pueblo, San Cebrián de Mazote, corresponden al mismo santo pero llamado de forma diferente. Ciprianus de Cartago es el personaje que bautizó a este espacio y también a la población mientras que San Cebrián se fue perdiendo en la liturgia por el de San Cipriano, el pueblo adoptó su denominación inicial, la de San Cebrián denominación que le había acompañado desde el principio.


Un pueblo para perderse y una iglesia para disfrutar en plenos Montes Torozos de la provincia vallisoletana.