Entrudo de Lazarim, espíritus de una aldea del Douro

Entrudo de Lazarim, espíritus de una aldea del Douro

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La máscara es el símbolo más completo y expresivo del Entrudo –o Carnaval- de Lazarim, una tradición cíclica que año tras año se vive y anima con alguna singularidad. Singular fue en esta ocasión la fuerte lluvia y las rachas de viento que corrían como vendavales por las callejas de Lazarim. Pero ni aunque cayeran piedras del cielo dejaban de salir los caretos… Brrrrr, se escucha por las esquinas…. Brrrrr salía de las bocas de los caretos, diseñados por artesanos habilidosos que selección maderas blandas para confeccionar verdaderas obras de arte. Es que cada máscara es una referencia real o imaginada de las vivencias y creencias de la aldea.


Entrudo Lazarim 2016 Entrudo Lazarim 2016


Es el retrato o tan solo una caricatura genérica de los imaginarios que componen el universo aldeano, tipos humanos (labrador, pastor, viejo, borracho, orientales…) o mismamente ese otro universo igualmente impuesto, o de una fauna circunscrita a este lugar, burros de molinero o un jabalí que atormenta a los vecinos con los estragos en los cultivos. Es el principio y fin de esta fiesta, la máscara o el careto o ‘senhorinhas’ para denominar a las mujeres. Brrrrrrrr Brrrrr cada vez asoman más caretos de formas y visiones imposibles… Es el anonimato del personaje de la aldea, quienes se mueven sin el menor recato. Es la broma o como dicen por estos pagos, brincar, de manera completamente aceptada por la comunidad. Como también los amuletos –sea un pene, y muy grande, o un demonio, una caimán o los cuernos de un imposible ciervo. Eso sí, es necesario la participación y complacencia del público que asiste a este rito.


El cortejo comienza en el Largo do Padrão, pero esta vez la lectura del testamento se tuvo que leer desde una balconada del Centro de Interpretación de la Máscara Ibérica –la impertinente lluvia-.


“Rapaces de Lazarim/ Escutai-me, um momento,/ P’ra todos acontentar/ Vou fazer meu testamento.


Olá! Menino António/ Que andas a vaguear;/ P’ra casares fora da terra/ Meu burro te vou deixar.


Mais ouve bem, fanfarrão,/ O que diz este ditado;/ Quem casa fora’da terra/ Engana ou é engañado”.


Son las coplillas que hacen reír, y también sonrojar a quien en ese momento es citado –no dejan títere con cabeza- y además, son las chanzas para después en el bar continuar la risa entre vino y pinta, pinta y vino, porque por aquí, por estas tierras del Alto Douro, lo hay y de buena calidad.


Todo transcurre al son de los bombos que marcan el ritmo. Fotografías para los freelance que buscan la mejor instantánea, pero también a los otros, a los que van a ver qué pasa y tiran de cámara o móvil –cachis, qué sopor con los dichos móviles-…. Sigue la lluvia y siguen as brincadeiras de los caretos.


Terminadas las lecturas, ya reunidos todos los Caretos, continua el ritual hasta el lugar de la Cruzinha –este año por la meteorología hasta la ladera cercana-, donde los Bonecos son quemados.


Acabado todo, los bombos y los Caretos parten en gran ‘barulheira’ –algarabía- con rugidos, gruñidos y todo lo que es posible imaginar. La fiesta llega al final.


Toda la gente se dirige a degustar la feijoada con gran amistad entre los vecinos y forasteros que, durante todo el Entrudo, hervía en inmensos potes a fuego de leña… Y comienzan las parrandas con la noche entrada. A media noche todo termina, con la noción del deber cumplido, dice Amándio de Castro. Queda el CIMI para vivir durante todo el año esta ancestralidad, pero también para estudiar, conocer, indagar e investigar todo lo relacionado con Lazarim, el Entrudo y la máscara ibérica en su conjunto. Merece la pena una visita al Centro y a esta zona de montaña y río y vino y agua -mucha agua que corre como una sinfonía-. Mientras...


Llega Doña Cuaresma…