Nueva exposición en el Museo Diocesano: casullas bordadas

Nueva exposición en el Museo Diocesano: casullas bordadas

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El delegado diocesano de Patrimonio y director del Museo Diocesano de Zamora, José Ángel Rivera, ha presentado hoy la decimoquinta exposición temporal de este espacio museístico. En esta ocasión, la muestra recoge 13 casullas bordadas de entre los siglos XV y XVII. La exposición se podrá visitar hasta el mes de junio.


El bordado erudito de tipo litúrgico es una de las parcelas más inexploradas y menos conocidas de la historia de las artes aplicadas, a pesar de la amplia documentación existente sobre los bordadores y sus obras, y de la variedad y la calidad de las piezas conservadas.


Para la Iglesia Católica, los ornamentos con que se cubren los ministros ordenados cumplen diversas funciones: responden al carácter sagrado y festivo de las celebraciones; contribuyen a su esplendor, solemnidad, dignidad y decoro; manifiestan la diversidad ministerial, y expresan tanto las características de los misterios de la fe que se celebran como el sentido progresivo de la vida cristiana en el devenir del año litúrgico.


De entre ellos destaca la casulla, prenda propia de los sacerdotes -ya sean obispos o presbíteros-, que se coloca por encima del alba y la estola, y se emplea durante la celebración eucarística y las acciones sagradas directamente relacionadas con ella. Consta de dos partes casi iguales y redondeadas, tiene una abertura superior para introducir la cabeza, y está recortada por los costados, cubriendo al ministro por delante y por la espalda, y facilitando el movimiento de sus brazos.


Las casullas bordadas son una de las mejores muestras de arte textil, no solo por su historia intrínseca (sus formas, medidas y adornos revelan los principios estéticos y las devociones de su tiempo), sino también por la calidad de los tejidos (terciopelo, damasco, raso, etc.), la belleza de sus bordados (realizados con hilos de oro, plata y seda), y la vistosidad de la pasamanería que las guarnece.


Los archivos parroquiales registran numerosos nombres de brosladores o bordadores profesionales establecidos en la ciudad de Zamora. La nómina de quienes trabajaron para las iglesias de la diócesis es extensa. Podemos citar, en el siglo XVI, a Juan de Aguilar, Alonso de Atienza, Diego del Campo, Juan de Cerbellón, Alonso Gómez, Jacobo Marsilio, Pedro Montero, Antonio Francisco Marroquín, Alonso de Matienzo (Atienza o Matienza), Manuel y Mateo Ortiz, Antonio Prieto, Eugenio de Vega, y Cosme, Diego y Gregorio de Villarrubias. A caballo entre los siglos XVI y XVII, a Gómez Durán de Adrada y Alonso Prieto. Y ya en el siglo XVII, a Pedro de Adrada, Fernando Báez (Baz o Vaz), Jacinto Canal, Francisco Carreiro, Figueroa, Miguel García, Antonio de Rojas, Cristóbal de Valdivieso y Alonso de Valverde.


Estos maestros, regentes de talleres organizados, trabajaban confeccionando y bordando capas pluviales, casullas, dalmáticas, frontales, mangas de cruces, estandartes, etc. Empleaban diversas técnicas, como el bordado sobrepuesto, el de aplicación y el bordado al pasado, y diversos tipos de puntos, como los de sedas (punto de matiz, punto liso, cadeneta, pespunte, punto de arena y punto de cordoncillo), de oro (como el oro tendido o llano -utilizado para los fondos con formas geométricas- y el picado), y de oro y seda (como el oro matizado).


Con este complejo trabajo manual se intentaba imitar los efectos de volumen, profundidad, gradación cromática y claroscuro, propios de la pintura. Elevadas cotas de calidad se aprecian sobre todo en las bandas verticales o cenefas de “imaginería”, en cuyos encasamientos y tondos se representan escenas o figuras aisladas de Dios Padre, Cristo, la Virgen María, los apóstoles y otros santos, sobre fondos neutros o paisajísticos. Fuera de ellas, se multiplican los elementos ornamentales, propios de los repertorios decorativos de cada época.


Son pocos los ornamentos con bordados que han llegado hasta nosotros, pues la fragilidad de los materiales, el deterioro por su uso continuado, y el cambio de gusto estético, entre otras razones, han propiciado su desaparición. La diócesis de Zamora conserva varias casullas confeccionadas entre los siglos XV y XVII, época de su mayor esplendor, de las cuales se expone una pequeña muestra, para disfrute de los visitantes.