Gonzalo Santonja



Gonzalo Santonja

Gonzalo santonja (3)

Una tarde otoñal de las muchas que me ha regalado en su bien ganado paraíso charro de Espino Rapado, Pedro Capea, padre de su mujer y abuelo de sus nietos (no me gusta la palabra suegro), torero histórico, me explicó lo que es el valor, y yo creo que su explicación va a misa: -Mira, si alguien te tira una piedra, o yo que sé, un libro [dicho sea de paso, así es como algunos los utilizan, quizás porque no saben hacerlo de otra manera], la reacción instintiva te lleva a apartarte, ¿o no?”.

Gonzalo santonja (3)

Por fin -¡por fin!- un duelo en la cumbre como los de antes, cuando toros y toreros andaban de boca en boca, cartel que marca el camino a seguir para que las cosas vuelvan a ser como fueron: el de la competencia de verdad, sin besitos en el patio de cuadrillas y con argumentos en el ruedo, que ya la solemnidad del paseíllo puso de manifiesto que Roca Rey y Pablo Aguado no se citaban en Vistalegre para darse coba.(Quien también se dio cita, por cierto, fue uno de esos voceros insufribles que hoy por hoy casi nunca faltan en las plazas de toros, quien a voz en grito pregonó el atrevimiento de su ignorancia al tildar de inválido al primero de la tarde, “Juguetón” de Vegahermosa, que poco después se ensañó ferozmente con Juan José Domínguez y no lo mató de milagro).El desafío en puntas cuajó desde el principio.

VILLORIA PORTADA

Javier Castaño sigue siendo quien era: forjado en las corridas duras, circuito en el que se ganó un sitio de privilegio, y superviviente del cáncer, atesora veinte años en la cumbre del riesgo y su toreo, forjado a fuego, se gusta cuando no pintan bastos, como en la corrida de ayer, en la que templó, se ajustó, bajo la mano, midió el terreno, controló las alturas, administró las distancias y nos regaló una serie de naturales verdaderamente lograda.

La leona de castilla juan de orduña

Como la de María Guerrero y Fernando Díez de Mendoza, que respectivamente encarnaban a “la leona” y a don Pedro Pérez de Guzmán, mientras su hijo Fernando Díaz de Mendoza y Guerrero  hacía de don Juan de Padilla, cachorro del león y la leona, que triunfó con esa representación en las fiestas vallisoletanas de septiembre de 1917, cuyo estreno se produjo pocos días después de la coronación canónica de la Virgen de San Lorenzo, alegre contrapunto cultural  –son los contrastes de la vida- al estado de inquietud desencadenado por las noticias que poco a poco iban llegando de la revolución rusa.  Dramaturgo con dominio de la escena y poeta de sabiduría musical, la dramaturgia de Villaespesa en este caso se impone con fuerza desde un comienzo verdaderamente en puntas, con doña María afirmándose en sus valores al ser requerida por su tío, el Marqués de Villena, para que instara a su marido a la rendición.

Jose zorrilla

Pues bien, a partir de este alegato de Hartzenbush contra la tiranía  y en favor de las libertades castellanas, en la próxima entrega de esta miniserie resonarán los versos del gran Zorrilla, “el rey de los poetas”, quien empieza su leyenda subrayando que Acuña “lidió por su libertad” y que “solo los cielos saben” la causa de su final desdichado, versos en los que obviamente resuenan aquellos, universalmente celebrados, de “llamé al cielo, y no me oyó,/ y pues sus puertas me cierra,/ de mis pasos en la tierra/ responda el cielo, no yo”.